Mi última vez.
Estábamos solos en un sitio apartado de de un pueblo rural de
la República Mexicana. Era de día, no había nadie en la inmensa casa, tipo
hacienda. Ahí nos hospedaríamos. Los mozos habían bajado nuestras maletas y nos
dejaron completamente solos.
Caminamos agarrados de la mano y con el rozo de nuestros
dedos en nuestras palmas comunicábamos un ardor que iba penetrando en nuestras
entrañas.
Nos llamó la atención una puerta abierta que daba a una de
las habitaciones del lugar. Como que nos invitaba a pasar. Y entramos. Nada
fuera de lo común, unas literas y una cama amplia. Un ropero y la recamara muy
fría, pero fresca.
Ella sintió lo cómodo del colchón y me invitó a que me
sentara a su lado. Nos miramos a los ojos y ella lentamente me beso en la boca.
Quiso separarse y no la dejé. Empecé a besarla profundamente. Era tanta la
pasión del beso, que mi pene quería crecer pero la sangre de mi cuerpo no
alcanzaba a fluir para pararlo duramente.
Ella tocó mi pene para saber que tan erecto estaba y al no
sentir reacción retiró su mano. Siguió besándome. Al no tener todos los
ingredientes para darle un masaje en su cuerpo, empecé a desvestirla lentamente
mientras ella seguía besándome.
La emoción era tanta que por primera vez sentí que alguien me
deseaba, no importa cuál era mi condición.
Logré quitarle la blusa y su sostén. Sus senos quedaron
expuestos, con los pezones parados invitándome a succionarlos.
Clavé mi boca en ellos y entre beso y mordiscos empecé a
succionar con ansias de sacar la rica miel de sus senos. Ella empezó a gemir
pidiendo más y más y más.
Pedí que se volteara y empecé a masajear sus hombros, si
cuello y mis manos alcanzaron sus senos que estaban bien duros del placer que
sentía.
Logré levantar su falda traía, no tenía fondo solamente unas
pantaletas color rosa que fácilmente pude bajar y conseguí meter mi mano entre
sus piernas y logre sentir la humedad que traía y aproveche para mojar mis dedos
y pude poner algo de u líquido sobre su culito, lo que ella dijo ¡AHAHAHAH!
Le pedí que volteara hacia mí. Coloque hábilmente mis dedos
en su clítoris y empecé a frotar y volvió a gemir, mientras seguía besando su
pechos, su cuello, sus oídos.
Sentí que se humedecía y yo empecé a sentir que mis
testículos estallaban y mi semen estaba a punto de ebullición.
Pero mi pene apenas experimentó una leve erección, lo
suficiente para que ella lo notara y empezara a quitarme el pantalón.
Yo correspondí de igual manera y empecé a quitarle la falda y
la desvestí completamente.
La emoción de terminar pronto era enorme, ya que estábamos en
una habitación que no era la nuestra.
Ella me pido que hiciéramos el 69 y yo con gusto correspondí.
Ambos empezamos a succionar nuestros órganos. Ella ya estaba
escurriendo, como que tuvo su primer orgasmo y por lo caliente que estábamos yo
no lo noté.
Por lo que empecé a tomarme los jugos que salían de su
vagina.
Ella decía más, más, más, más, más, más y de repente retiró
su boca de mi pene y estalló en un grito….
¡Ahahahahahahahahahahahahahahahahhahahhahahahahah!
Yo logré sacarle más jugo, y en un momento puso su mano sobre
mi cabeza y me la detuvo. Quería gozar el momento sin ya ninguna estimulación,
logré que tuviera su orgasmo.
Me separé de ella y busque sus pechos para poder besarlos
tiernamente y puse mi mano sobre su vagina para darle un masaje suave y muy
consolador. Ella puso su mano sobre la mía y dirigió el ritmo que ella deseaba.
Así nos quedamos por unos minutos.
Luego ella se paró de la cama y busco unos trapos y lo que
consiguió fueron las fundas de las almohadas para poder limpiarse.
Se sentó a pie de la cama y me pidió que me parara frente de
ella. Sabía lo que iba a ocurrir. Mi sueño se estaba cumpliendo. Empezó a
mamarme ricamente, y al mismo tiempo succionando mi pene, el cual empezó a
erectarse pero no completamente. Ella lo notó y continuó chupando y ordeñando.
Empecé a decirle que me chupara.
Chúpame, corazón, jálale, jálale jálale, aspira saca, saca,
saca, saca, Sácame toda la leche y de repente sentí que un fluido ardiente subía
por el orificio de mi pene y una fuerte explosión que quemó la punta de mi verga
recibiendo en su boca los primeros disparos que la ahogaron, para luego caer en
su cara y en sus pechos.
Ella después lamió mi pene, terminando de ordeñarlo y saboreó
las últimas gotas de mi semen.
Vivimos juntos como por dos años, pero ya no quiso repetir la
experiencia. Pero si disfrutó de mis masajes y sexo oral por todo su cuerpo.
Después ella ya se aburrió. Buscó a alguien mejor, lo encontró y me dejó por
impotente.
Fue desde ahí que pensé ir con un urólogo y me dijo toma
viagra y controla tu dieta, y mejorará tu erección.
Desde entonces nadie me ha mamando como esa vez. Sigo
buscando, espero encontrar.
Mi leche acumulada desde hace años espera ser ordeñada.
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