Yo estaba en lo mejor de mi sueño, cuando escucho la voz de
Marisol, mi adorada esposa, llamándome repetidamente. Mientras me despabilaba,
ella, me seguía llamando. Con el cuerpo un tanto molido por haber tenido que
dormir en el piso me apoyé en el borde de la cama y me fui incorporando.
Lo primero que vi fue la ancha espalda de Rolando. El estaba
acostado de lado y la sábana le cubría sólo la mitad del culo. Por su forma de
moverse me di cuenta de que estaba cogiéndose a Marisol. Me seguí incorporando y
ahora la vi a ella, la mujer de mi vida, de espaldas a Rolando y obviamente
prestándole el coño o el culo. La sábana le cubría la mitad inferior del cuerpo
y ella en vano trataba de levantarla, pero como Rolando le estaba manoseando las
tetas ella no podía cubrirse mejor. Al ponerme completamente de pie y ya un poco
más despierto entendí por qué Marisol me llamaba tan insistentemente: Antonio,
nuestro hijito de dos años, había entrado al dormitorio y estaba tratando de
subirse a la cama en el preciso momento en que Rolando se cogía a mi esposa.
Di la vuelta alrededor de la cama y llegué hasta donde
"Toñito" mientras Rolando le seguía dando duro a mi mujer y le manoseaba las
tetas con más ganas aún. Marisol mientras tanto sujetaba con sus manos a Toñito
para evitar que él se subiera a la cama, aunque la muy puta no hacía nada por
apartarse de su semental y sus tetas se mecían vigorosamente al ritmo de la
cogida. La escena por supuesto que despertó mi morbosidad y con ello quedé ahí
bien despierto y me apresuré en llevar a Toñito a tomar desayuno.
Durante el desayuno con Toñito, yo no dejaba de pensar en que
mi pequeño hijo había sido testigo de cómo mi compadre le agarraba las tetas a
su mamita. Suerte que sus inocentes ojitos no vieron cómo el tío Rolando le
metía la verga hasta el fondo del coño a su mamá . Y no sólo eso, pensé
inmediatamente, lo primero que debe haber visto mi hijo, fue que en la cama
estaban su madre y Rolando, mientras que yo, (el muy cornudo) dormía en el piso.
No me había quedado otra en todo caso ya que eso me había ordenado mi compadrito
la noche anterior.
Al poco rato y con una bata de levantarse pasó mi mujercita
por la cocina deseándonos buenos días, mientras se dirigía al baño. Tan linda
ella! La imaginé desnuda debajo de la bata y me gustó saber que en su coño había
una buena carga de leche de Rolando. Detrás de ella apareció mi compadre en
calzoncillos, con expresión no sólo de complacido, sino de morbo, seguramente
que por haberse cogido a mi mujer delante de nuestro pequeño hijo. Yo lo conozco
bien al bribón de mi socio y sé que eso le da morbo ya que él a veces me lo
había mencionado en nuestras calientes charlas de "corneador a cornudo" que
hemos mantenido en el trabajo.
Mientras yo le preparaba el desayuno a mi socio, Rolando no
desaprovechó de comentar, a pesar de la presencia de Toñito en la mesa, lo
delicioso que le había sido cogerse a Marisol delante de nosotros dos. Rolando
tuvo, eso sí, la delicadeza de encubrir las palabras "coño" y "verga", pero
"tetas", "leche" y otras más comunes las incluyó con gusto en su descripción de
la cogida, y yo sentía como mi cornuda verga se endurecía gracias a los detalles
que me daba mi corneador. Cuando Marisol llegó a desayunar yo los dejé solos en
la mesa y me fui a jugar un rato con mis hijitos. Estelita, mi hija de tres
años, me había pedido ayuda en buscar unos lápices para colorear.
Mientras Rolando se duchaba, y yo con Marisol lavábamos los
platos del desayuno, ella me contó su versión de lo que había ocurrido. Bien
parecido su relato al de mi socio en todo caso. Sólo que ella como madre estaba
un poco insegura y quería mi consejo. Resulta que con las caricias de Rolando
ella se despertó y accedió a pegarse una cogida mañanera con él. Estaban de
costado cogiendo en lo mejor y ya cerca del orgasmo, cuando Toñito entró al
cuarto y quiso subirse a la cama. Marisol me dijo que ella gozaba tanto de la
gruesa verga de Rolando que sentía venir su orgasmo, a la vez que le incomodaba
que nuestro hijito la mirara justo al momento en que ella tuviera su orgasmo. Mi
mujer trató de impedir que Toñito se subiera a la cama, mientras Rolando le
insistía en que no se preocupara del niño y que siguieran gozando. Ahí ella
comenzó a llamarme a mí ya que sintió que la situación se le escapaba de las
manos y su cuerpo anhelaba llegar al orgasmo. El placer que sintió en esos
momentos le daba tanto morbo que en caso de que yo me hubiera demorado un poco
más, ella hubiera tenido su orgasmo en frente de nuestro hijito. También me
dijo, y por eso quería consejo, que al desayunar Rolando le había dicho que le
gustó muchísimo cogérsela delante de uno de nuestros hijos y que deseaba que más
adelante volvieran a hacer algo así. El mayor argumento de mi compadre era que
nuestros hijos eran tan pequeños que aún no entendían de sexo y que si ellos
eran un poco disimulados, Estelita y Toñito no se darían ni cuenta de lo que
pasaba.
A Marisol le gustaba muchísimo Rolando y siempre trataba de
complacerlo en las cosas que él propusiera. Ella estaba confundida en este punto
y por eso me pedía mi opinión de esposo y padre, para que yo la aconsejara en
eso. Yo la escuché con amor y morbo, y viendo luego mi oportunidad de caer más
bajo aún en mi cornudez, le dije que mi compadre tenía razón y que nuestros
hijos por ahora eran pequeños, y que si ella y Rolando era disimulados, yo no
veía problema en viéramos una manera para hacerlo. A Marisol le gustó mi manera
de decir "viéramos", ya que sintió mi apoyo activo y sincero en algo que pensaba
que tal vez me haría poner furioso y que quizás yo hasta la considerara a ella
como un monstruo. Eso me dijo por lo menos cuando escuchó mi respuesta. Y por su
alivio, me di cuenta de que ahora estaba en sus planes el complacer a Rolando al
coger con él alguna vez delante de nuestros hijitos. Me gustó mucho ver la
expresión de alegría de mi amorcito cuando quedamos de acuerdo en ese punto. Una
vez más ella se dejaba arrastrar como una puta para complacer los deseos de
Rolando, y una vez más era yo, su marido, el que dejaba de lado toda clase de
valores familiares para darle placer a mi corneador.
Luego de la conversación, ella se fue a meter a la ducha con
Rolando, y yo no necesitaba ser adivino para saber de qué iban a hablar, y lo
que harían ahí los dos solos. Me hubiera sido fácil el meterme al baño y espiar
su conversación. Pero me daba más morbo el ser dejado de lado y ver cómo mi
mujer corría a darle la buena noticia a Rolando. Me fui a nuestro dormitorio a
pegarme una buena paja rodeando mi pene con las bragas que Marisol había usado
el día anterior. Esas que yo mismo le quité en la noche para que ella se
acostara con Rolando en nuestra cama. Yo me pajeaba y en mi imaginación veía a
mi esposa en la ducha, prestando el culo y diciéndole a mi socio que todo estaba
arreglado y que íbamos a hacer como él quería.
Más tarde, en un momento a solas Rolando y yo, él me dio una
palmadita en el hombro y me dijo que así le gustaba que yo fuera: un buen
cornudo que lo complacía en todo. Y para premiar mis servicios, me contó con
lujo de detalles lo que le había hecho a mi mujer en la ducha cuando ella le fue
con la buena noticia.
Al día siguiente trabajábamos, de modo que Rolando se fue por
la tarde a su casa. Con Marisol volvimos a nuestra rutina familiar donde todo
era calma y armonía. Justamente porque todo era siempre calma y armonía era que
nos excitaban las visitas de Rolando. El único detalle era que yo era un
pervertido como marido, y que con mi apoyo mi socio estaba pervirtiendo a mi
mujer.
Luego de haber acostado a Estela y Antonio, nos sentamos con
Marisol un rato en el sofá a platicar. Estábamos en penumbras, y la atmósfera en
el aire se sentía como romántica o al menos especial. Así lo sentía yo. Primero
estuvimos hablando de cosas neutrales, pero pronto dirigió Marisol la
conversación a los planes de Rolando. Su pregunta concreta era: cómo iban a
coger cerca de los niños y sin que ellos se dieran cuenta de lo que estaba
pasando. Ella le había dicho que lo harían sólo una vez, para realizar la
fantasía de él. Cómo la pregunta era de naturaleza práctica, algo de lo que yo
creo tener mucho, me aboqué a mirar nuestro entorno y pensar en una solución.
Marisol me ofreció la idea de estar desnudos dentro del dormitorio, pero asomar
su cabeza hacia la sala, y que Rolando se pusiera detrás de ella y que así lo
hicieran. La idea no era mala, pero le dije que la posición era incómoda y
corrían el riesgo que de moverse uno de los niños en dirección hacia ellos los
podrían ver. Repasamos varias ideas que fuimos desechando. Curioso cómo yo y mi
mujer nos afanábamos en realizar la fantasía sexual de mi corneador. Era difícil
saber quién de los dos deseaba más el complacerlo. De pronto le propuse un plan
sencillo, y fue el que aprobamos.
Al otro día, Rolando notó que habíamos hecho unos pocos
cambios en la posición de los muebles en la sala, aunque no lo comentó
mayormente. Marisol me sonreía cuando a la señal acordada, me llevé a Rolando al
dormitorio para explicarle cómo lo íbamos a complacer. Por supuesto que a él le
fascinó la idea, y volvió más que feliz a la sala.
Marisol lo esperaba detrás del sofá. Ella se había puesto una
falda muy corta y estaba inclinada hacia adelante, apoyando sus brazos en el
respaldo del sofá, el cual habíamos corrido hacia adelante para que hubiera
espacio suficiente hacia la pared, de modo que ambos tuvieran lugar ahí. Estela
y Antonio jugaban con sus juguetes y miraban televisión, y yo, temblando de
excitación, me senté en un sillón a un costado del sofá para tener buena vista
de lo que iba a pasar. Cubierto por el cuerpo de mi mujer, estando detrás de
ella, sacó Rolando su verga y comenzó a buscar la entrada del coño de Marisol.
Vi la cara de gozo de los dos cuando ese semental se deslizó dentro del coño de
mi esposa. Para no despertar las sospechas de nuestros hijos, a ratos se
quedaban inmóviles, gozando de esa rica penetración "en familia" de una manera
discreta, pero no por eso menos morbosa. La carita de mi mujer lo decía todo.
Marisol gozaba al ser cogida por Rolando, y saber que lo estaba complaciendo.
Yo, viendo todo desde mi lugar, veía a mis hijos jugar inocentemente mientras a
su madre la utilizaban sexualmente como a una puta, y ella con gusto se prestaba
para todo eso. Rolando me miraba excitadísimo, y no podía evitar el manosearle
las tetas a mi mujer por encima de la blusa. Ella lo dejaba, pero trataba de
disimular cuando a ratos nuestros hijos nos daban una mirada fortuita. Mi esposa
se veía tan hembra en esa posición inclinada hacia adelante, y Rolando tan macho
al tenerla bien ensartada, que yo no podía evitar acariciar mi pene de cornudo y
perdedor y gozar de lo que veía.
Luego de un delicioso instante que los tres gozamos, y en el
que no fuimos descubiertos por nuestros hijos, llegó el magnífico momento en que
Rolando comenzó a vaciar su semen en el coño de mi amada esposa. Lo vi inclinar
la cabeza hacia atrás, comenzar a moverse en forma espásmica y tomarse
fuertemente de las tetas de Marisol sin preocuparse de que los pudieran ver. Mi
mujer comenzó a mover rico el culo para él, y dejando de lado toda prudencia,
cerró sus ojos y se concentró en hacer gozar a su semental exprimiéndole toda la
leche. Todo eso fue demasiado para mí, y yo me corrí en los calzoncillos. Fue
exquisito para todos. Lo mejor de todo es que fue tan excitante como Rolando
quería, y tan discreto como Marisol y yo lo habíamos planeado.
Estando solos en la cama en la noche, Marisol me dijo lo
mucho que le había gustado realizar esa fantasía, y le inquietaba saber si yo
opinaba que se estaba volviendo una perversa. Yo la tranquilicé diciéndole que
había sido una inocente fantasía donde fuimos muy discretos y que nada se había
notado. Mientras nos besábamos y yo le acariciaba el coño, me dijo que se había
sentido como una puta realizando una fantasía prohibida pero deliciosa. Y yo le
dije que todo estaba bien, que mientras ella y yo nos amáramos y supiéramos
diferenciar entre nuestro amor y el sexo que Rolando nos ofrecía, todo estaría
bien.
Luego me subí encima de mi amorcito y le metí la verga.
Marisol, como buena esposa de cornudo, sabía bien qué hacer para excitarme, y
comenzó a hablarme de Rolando y lo grande y deliciosa que era su verga. Y
mientras ella me llamaba "Rolando" una y otra vez, tuvimos un maravilloso
orgasmo.
Al día siguiente, en la hora de almuerzo, Rolando me dio a
conocer una nueva variante que quería probar: igual que el día anterior, pero
Marisol acostada de lado en el sofá, él detrás de ella, ambos cubiertos por una
manta. Allí él le iba a enterrar la verga por el culo a Marisol, a pocos
centímetros de toda su familia.