Escuela de Cornudos
Mi mujer me ha traído a la Escuela de Cornudos donde se me
adiestrará para que ejerza como tal con arreglo a los cánones más ortodoxos.
Para ello y una vez que se sido registrado como alumno en la recepción, se me
han dada los útiles de aseo y un casco con unos cuernos de bronces que, como
es natural, se ensucian mucho y he de limpiar todos los días con abrillantador
Netol para que cuando venga a casa el macho de mi mujer y me los ponga,
brillen en todo su esplendor y sin mancha alguna. Sé que a partir de ahora
recibiré clases por parte de mujeres ya expertas en hacer cornudos a sus
maridos y que han montado esta escuela para enseñar a las novicias. Como he
llegado hasta aquí no tiene importancia. Sólo puedo decir que mi mujer le
gusta el sexo a rabiar, le gustan los machos, follar con machos porque antes
de casarnos ella tenía contacto por Internet con muchos de ellos y quedaba con
ellos, aún de soltera, para follar porque le encantaba exprimirlos, follarlos,
hacerlos que se corrieran y ver cómo se corrían gracias a su habilidad. No
había polla de hombre que no le gustaba y tenía debilidad por hacerlas
correrse. Le gustaba ver a los hombres retorciéndose de placer mientras ellas
los exprimía, se los follota y los dejaba secos. Yo lo sé porque fui uno de
ellos, uno de los exprimidos, pero se encariñó de mí y nos casamos. Fuimos
felices, pero conforme fue pasando el tiempo yo noté que ella echaba de menos
el poder seguir exprimiendo a los hombres, a sus machos, según decía, y la
verdad es que la notaba ciertamente melancólica y triste. Yo la quería y por
eso quise animarla presentándole a mis amigos o compañeros de trabajo para
que, al menos, estuviera cerca de los machos que tanto le gustaban. Pero no sé
si hice bien. O quizás obré bien, porque ahora somos los dos por fin felices.
Todo comenzó una noche que estando en la cama mi mujer me comentó que le había
gustado un amigo mío que le había presentado y que la excitaba cómo la miraba.
Eso me dijo mientras me cogía mi pene por lo que cuando se me puso dura al
comentar lo de mi amigo ella comprendió que algo había, que me excitaba que me
contara que le atraían sexualmente mis amigos. Así que día a día fue
profundizando con argucia hasta que consiguió que reconociera que me excitaba
pensar que podría follar con otro.
Pero no fue sólo eso, porque además gracia a la sinceridad
de mi polla consiguió que yo reconociera que me gustaba sentirme cornudo y que
ella me lo dijera. Fue muy sencillo. Ella me cogió mi polla y me preguntó si
me gustaría que me acostara con un amigo y yo le respondí que sí, pro ella
insistió y me pregunta si además de verla con otro quería sentirme cornudo.
- ¿Te gustaría sentirte cornudo y que yo te lo recuerde?
-me pregunto muy cuca.
Y yo no contesté, ni dije nada. Bueno sí contesté, dije que
no con la cabeza, peor dije sí con mi polla porque se me puso dura y ella lo
notó.
- Así es que te gusta ser cornudo –insistió ella mientras
me acariciaba mi polla dura y tiesa.
Y yo contestaba con la cabeza que no, que no me gustaba,
pero la tirantez de mi polla decía que sí, que lo estaba deseando y ella lo
comprendió y lo supo.
- No te preocupes que te voy a hacer feliz –me dijo
mientras seguía acariciándome.
Y así fue como comenzamos a practicar el noble arte de los
cuernos, pero antes, antes de que lo hiciéramos por primera vez, ella me dijo
que quería cultivarme como cornudo para que no le fallara y me comportara como
tal, con arreglo a las normas éticas del la Escuela de Cornudos y que me iba a
traer a la escuela para que fuera educado en el noble arte de ser un cornudo.
Y me trajo aquí, donde todas las mañanas y tras el
preceptivo aseo, tengo que sacarle brillo a los cuernos con el abrillantador,
colocármelos en la cabeza y salir al pasillo donde las mujeres expertas, las
corneadoras, me pasan revista. Luego asisto a clase donde se me instruye en el
arte de preparar a mi mujer para mis cuernos bañándola, darle masajes y
prepararle las ropas que va a llevar cuando venga a casa su macho. También
recibo clases de cómo recibir a su macho, preparar bebidas, desvestirlo y
colocar su polla en el coño de mi mujer a fin de obrar como un experto
mamporrero y un adiestrado cornudo. polla dura en todas las clases y he sido
uno de los alumnos más aventajados. También se me adiestra en la forma de
recibir al macho de mi mujer pues cuando él llega tengo que arrodillarme en la
entrada para ofrecerle una bandeja con las braguitas que ha elegido mi mujer y
cuando él elige unas, me las pongo para asistir a mis cuernos vestido con
bragas pues en la Escuela creen que así está más justificado que ella folle
con un macho, si su marido está todo el día vestido sólo con las braguitas de
su mujer y además él deja que el macho que se folla a su mujer se las elija.
Sé que conforme avance en mi adiestramiento y vaya
superando los cursos con buenas notas, colocarán en mi habitación un pene de
plástico sobre una silla para que lo chupe y lama y vaya aprendiendo a hacerlo
por si algún día mi mujer quiere que se la chupe a su amante para que esté mas
excitado y que pueda así follarla mejor.
Y también se me instruye en el arte de lamerle el coño a mi
mujer una vez que haya follado con su macho a fin de que le quede el coñito
limpio y que ella pueda disfrutar del placer de mi humillación, porque según
me han enseñado hasta ahora en la escuela, aparte de que ella goce con su
macho, el mayor placer de la corneadora es ver que su marido goza con sus
cuernos y que se humilla voluntariamente para recibirlos y disfrutarle; es
decir, que el placer de ella es ver que yo gozo al ser cornudo y al humillarme
como tal.