“…siempre tuvo la frente muy alta,
la lengua muy larga y la falda… muy corta!”
Ella estaba preparada para salir. Tomó su cartera, los
papeles y las carpetas que creyó necesarias, se miró al espejo por última vez y
con paso firme como era su costumbre, salió a la calle.
Estaba enojada! Cómo se atrevía ese hombre, por muy
inspector que fuera, mandarle semejante notificación por las supuestas faltas y
carencias en las que, según él, incurría su negocio. Faltaba más!!
Eso era poco menos que un insulto! Ella, que tanto esmero ponía para que
estuviera todo impecable, perfecto, sin faltas de ninguna especie, y este “tipo”
le decía que su empresa era un desastre! Calificativos de toda naturaleza
cruzaron su cabeza pensando en aquel hombre.
Tan concentrada iba en sus pensamientos que no percibía las
miradas de cuanto hombre se cruzaba con ella por la calle. Era bastante
alta para el estándar de estatura de una mujer, y además, bastante grande y
robusta, sin ser gorda. Rubia, con rulos que caían sobre sus hombros y
espalda. Los pechos acordes al resto del cuerpo: enormes! Y ella no
se preocupaba por disimularlos. Su cintura y sus caderas eran bien
proporcionadas. Sus nalgas sobresalían y las piernas… eran su
orgullo y hacía lo posible porque todos se dieran cuenta. Bueno, con
semejante tamaño de mujer, imposible que pasara desapercibida!
Había decidido vestirse con una falda negra, bastante corta,
una blusa blanca y chaqueta con pequeños cuadros blancos y negros. Los
zapatos eran negros con un alto tacón que no le importaba usar a pesar de su
estatura, pues sabía que sus piernas se lucirían más. Un maquillaje suave
y discreto con un brillo especial en sus labios, que por su forma de corazón y
su tamaño, daban ganas de besarlos con solo verlos. El perfume puesto en
lugares estratégicos permitían que dejara una estela con el delicioso aroma por
donde caminaba.
Pero esta vez, camino al Ayuntamiento de la ciudad, Cristina
no veía nada, ni nada le importaba excepto enfrentar a ese hombre. Ya lo
pondría en su lugar! Y que ni soñara que iba a pagar esa cifra exagerada
por la multa que él había puesto! Sí, estaba enfada de verdad.
Y no veía nada, o mejor dicho: veía todo negro debido a su ira y a su
enojo.
Entró al Ayuntamiento y dejó al portero con la boca abierta,
mirándola como embobado al verla pasar a su lado como un relámpago. Se
dirigió a la Sección de Inspección General y solicitó hablar con el Director.
Pensaba denunciar ante él, el jefe, a este Inspector que se la había tomado con
ella. Entregó a el empleado de la oficina la tarjeta con su nombre, cargo
y datos de la empresa. No tuvo que esperar mucho, casi inmediatamente la
hicieron pasar a un despacho sencillo pero con todas las comodidades, hasta un
sillón enorme que llamó poderosamente su atención. Para qué querrían un
sillón tan grande en una oficina? Nunca imaginó qué pronto lo averiguaría!
El director estaba de espaldas a ella y la dejó parada, sin
darle importancia, por unos minutos que a ella se le hicieron eternos.
Cuando se dio vuelta, Cristina no lo podía creer!! Sí, era el Inspector!
- Pe… pero… pero… usted!!- casi gritó sin salir de su asombro.
- Buenas tardes señora. Vino a pagar la multa por todas las
irregularidades cometidas por su empresa?
- Por supuesto que NO! Venía a denunciar al inspector que no sé porqué
motivo se ensañó conmigo, pero… ya veo que es imposible! Qué le pasa
señor Director? No gana lo suficiente que tiene que hacer horas extras
como Inspector?
No hacía ningún esfuerzo para ser sarcástica. Le salía
casi naturalmente cuando quería herir a alguien.
- No señora, mi sueldo es suficiente como bien para vivir,
pero no tengo problemas en hacer tareas de menor rango cuando es necesario.
Como por ejemplo, inspeccionar empresas a cuyo frente hay personas… difíciles.
- Está usted hablando de mí? Me está diciendo que soy una persona
difícil?? –La ira se le escapaba por los ojos y sin darse cuenta estaba elevando
la voz más de la cuenta debido a su enojo.
- Le recuerdo señora que no está usted en su casa, sino en MI oficina, por lo
tanto le exijo que baje la voz. Y sí, le estoy diciendo que es usted una
persona muy difícil de tratar, y yo he recibido varias quejas de
diferentes inspectores respecto a su persona, por lo que resolví visitarla
yo mismo y comprobar qué sucedía. Y sin salirme para nada de las
reglamentaciones vigentes, labré el acta correspondiente a las anomalías que
detecté. Simplemente fui estricto y no tuve ningún tipo de contemplación
con usted. Apliqué el código de forma rígida, pero legal, sin salirme en
ningún momento de la reglamentación. Quizás así entienda cómo debe de
comportarse usted ante el resto del mundo y mostrar un mínimo de respeto por el
prójimo.
Cristina no podía creer lo que oía. Sin saber qué hacer
se sentó en la silla que estaba frente al escritorio.
- Y a quién le ha pedido usted permiso para sentarse?
O quién se lo ha dado? Levántese inmediatamente!
- Es usted un maleducado!
- Yo señora?? Porqué? Por no permitirle que me lleve por delante
como lo hace con todo el mundo? No! Conmigo no tendrá esa suerte!
Hablaba con un tono severo. Cristina no estaba
acostumbrada a que le hablaran en ese tono, sino utilizarlo ella con los demás.
Recién en ese momento reparó en el hombre que tenía delante: de unos 50 y
pocos años, canoso, sumamente atractivo para su edad, altísimo y de contextura
grande, como para meter un poco de miedo… pero ella no se iba a dejar
vapulear ni siquiera verbalmente por aquel hombre! Decidió cambiar de
táctica y de actitud, pero sin perder su altanería.
- Bien. Dígame qué es lo que pretende que haga.
- Muy simple señora: pague la multa y a otra cosa. Y no me haga
perder más tiempo. Tengo mucho para hacer.
No lo podía creer!! No encontraba argumentos para
luchar! Ella, que se sabía todos los trucos para salirse con la suya, esta
vez estaba perdida! Había algo en ese hombre que la atraía en forma
poderosa. Le excitaba la forma en que la trataba, aunque también la
enojaba. Nadie se había atrevido jamás a decirle las cosas de
aquella forma tan… grosera! Qué podría hacer? No tenía el
dinero para pagar la exorbitante multa que le había impuesto aquel despreciable
individuo.
- Es que… no tengo el dinero para pagar la multa!
Es… demasiado elevada!
- No, no lo es. Es estrictamente lo que marca la reglamentación.
- Pero… es mucho! No tengo tanto dinero!
- Consígalo! Ese no es mi problema.
- He pedido mucho dinero últimamente y… no tengo crédito.
- Puede hacer un convenio de pago con el Ayuntamiento. Están dando
facilidades para los grandes deudores.
- Ya tengo un convenio por otro motivo, y solo permiten un convenio a la vez…
- Le repito: no es mi problema!! Retírese de una vez y déjeme en
paz.
Él la miraba por el rabillo del ojo. Sabía que la tenía
en sus manos y eso lo ponía feliz y le daba un aire de vencedor que casi no
podía disimular. La miró: estaba a punto de estallar en lágrimas,
pero sabía que no lo haría… todavía!
- Ayúdeme! No sé qué hacer.
La miró con cierto desprecio. Gozaba al sentir su poder
por encima de aquella mujer que en ese momento había dejado a un lado la
altanería. Pero no era suficiente para él.
- Eso fue una orden o una súplica?? Es difícil
ayudar a las mujeres como usted.
- ¿Cómo yo? Qué quiere decir con “como usted”? Cómo soy yo?
- Usted señora, es como la mujer que describe Sabina en su canción “19 días y
500 noches”.
- Ah, sí? Y cómo es esa canción? Qué dice?
- Dice que la mujer de la cual está hablando “…siempre tuvo la frente muy
alta, la lengua muy larga y la falda… muy corta”- Y bajó su mirada hasta
aquellas piernas que lo habían enloquecido desde la primera vez que la vio y
decidió planificar todo esto. Le tendió una trampa y ella cayó sin
remedio.
Se detuvo un momento a contemplarla con más detenimiento,
porque no había cesado de observarla y gozar su presencia desde que apareció con
su aire altivo por la puerta de su oficina. Sí, quizás no fuera la mujer
más bella del mundo, pero… tenía un atractivo especial, un brillo
diferente, un carácter fuerte y dominante al que él se había propuesto cambiar.
Era todo un reto el vencerla y él tenía todos los ases para ganar.
- Está bien, -dijo ella- Es verdad. Soy así!
Pero también es verdad que no tengo el dinero para pagar, y quiero saber si
puede darme usted alguna solución.
Sí, así la quería, aunque aún más derrotada. Pero iba
por buen camino.
- Vea señora, tiene dos posibilidades. Una, es pagar
la multa y asunto arreglado. O, si no tiene el dinero, le puedo dar una
segunda opción que sólo depende de mí. Podría suspender la multa, pero no sé si
usted estaría dispuesta a hacer lo que le mande y sin chistar.
- Usted sabe que no tengo opción. Dígame qué tendría que hacer.
Se sonrió, ahora sí con toda soltura. El triunfo sobre
esa altiva mujer le daba un brillo especial a sus ojos. Sin dejar su aire
burlón le espetó:
- Cambiar la canción de Sabina.
- ¿¿Cómo?? No comprendo!
- Simple: quiero que en vez de tener la frente muy alta como hasta ahora, que
la baje. Que cambie su lengua tan larga por una que hable menos y con tono
más respetuoso. Y, por supuesto, bajarle la falda que la lleva tan
corta!
- Ah, sí?? Y cómo haría eso?
- Acepte y se enterará.
Nunca se había sentido tan humillada! Caramba con este
tipo! La sangre hervía en sus venas y el color rojo de su rostro
demostraba la ira e impotencia que sentía en ese momento.
Por un lado, sabía que tenía que pagar un dinero que le era imposible reunir.
Por otro lado, aunque odiaba admitirlo, tenía cierta curiosidad por saber qué
pensaba hacer este hombre con ella, y eso… la excitaba! Bueno, no
tenía otra opción que no fuera ceder ante aquella proposición.
- Está bien. Acepto. Dígame qué tengo que
hacer.
- No se apresure. Piense bien antes de contestar. Una vez que
acepte no tendrá vuelta atrás, porque si no cumple veré la forma de triplicarle
la multa! Y usted sabe que puedo hacerlo.
- Ya lo pensé y acepté. Y no le permito que dude de mí. Yo soy
mujer de cumplir mi palabra. Hable!
- En primer lugar, cambie su tono al dirigirse a mí. No me ordene, no me
mande, y pídame las cosas POR FAVOR!
- Lo siento… Por favor, dígame en qué consiste lo que tengo que hacer.
- Así está mejor. Le explico: he sacado algunas cuentas y la multa
asciende a unos 2.500 dólares. Pues bien, yo le cobraré el 10% de esa
cantidad en azotes en su hermoso trasero.
- Qué cosa?? Cómo se atreve a hacerme tal proposición?
- Serán 250 azotes con la mano.
- Eso no es justo!!
- Por supuesto que no! Es demasiado poco! Así que agregaré
100 azotes más con la regla, y 100 con el cinto.
- Pero…
- Y esto irá en aumento en la medida que siga protestando! Teniendo
en cuenta que usted no ha recibido nunca azotes en su vida…
- Y qué sabe usted de eso??
- Señora… si hubiese usted recibido unos buenos azotes a tiempo, no
sería tan desagradable y petulante como es ahora! Pero no se preocupe
porque nunca es tarde, y aquí estoy yo para ponerla en su lugar!
Lo odiaba, lo odiaba con todo su ser! Pero era lo
suficientemente inteligente como para no hacer comentarios que aumentaran aún
más tan terrible castigo!
- Como le decía: debido a que es usted nueva en esto
de recibir azotes, los repartiremos en 5 sesiones. Todos los jueves a esta
hora, la esperaré aquí para darle su lección privada de buenos modales. Y
comenzaremos hoy, por supuesto!
- Pero yo…
- Hoy recibirá 10 azotes más con cada uno de los instrumentos, mano incluida,
para que haga las cosas como se le indican, en forma rápida y sin protestar!!
Ahora, venga aquí. Ya! O quiere que se lo repita y aumente el
castigo?
No sabía qué hacer ni qué decir, así que decidió obedecer.
Él la condujo hasta el sillón, se sentó cómodamente y le indicó que se sacara la
chaqueta y se pusiera boca abajo sobre sus rodillas. Obedeció sin decir
nada, y él agradeció el tener piernas largas y fuertes como para soportar aquel
tamaño de mujer. Ella también era alta y aquella posición no le resultaba
nada cómoda a ninguno de los dos, así que él se sentó lo más para atrás que pudo
y eso permitió que ella se acomodara a lo largo de aquel enorme sofá.
Su trasero estaba listo. Se veía enorme y
redondo! La falda se había subido aún más debido a la postura y podía ver
su bombachita de encaje blanco. Estaba tan excitado con aquella visión que
no pudo evitar tener una erección mayúscula! De seguro que ella la sentía,
pero no diría ni una palabra.
Pensó en darle los primeros golpes suaves y por encima de la
ropa. En el fondo, no quería lastimarla sino darle una lección. Pero
tenía un gusto que se quería dar… y lo hizo! Primero, sobó un poco
aquellas nalgas que se notaban hermosas y túrgidas por debajo de la falda.
Luego, sin dejar de sobarla con la mano izquierda, levantó su mano derecha y la
dejó caer con la mayor fuerza de que fue capaz. La sorpresa y el impacto
fueron tan grandes que… solo fue capaz de emitir un gemido seguido de un
largo “aaayyyyyyy!!!”.
- Bien, estimada señora. Ya hemos comenzado a
cumplir con el cambio de la primera y segunda parte de la letra de la
canción. En la pose en que se encuentra en este momento, ya he logrado que
no “tenga la frente muy alta”, sino que la hemos bajado bastante, verdad??
Jejejejejejeeeeee… Y creo que con esto también se le ha acortado la
lengua… o no?
Y continuó asestando golpes con la mano, no demasiado
fuertes, como para que se fuera acostumbrando. Y siguió, uno tras otro,
con ritmo, hasta que llegó a veinte. Ella lo soportó bastante bien, aunque
tenía los ojos llenos de lágrimas. La hizo que se pusiera de pie.
- Ahora quiero que se suba la falda y baje sus medias
hasta la mitad de la rodilla.
- Cómo?
- Todavía le quedan 40 azotes con la mano, y a menos que quiera que sean más,
le sugiero que se de prisa!
La vergüenza era grande, pero ya le ardía bastante el trasero
como para enojar aún más a aquel hombre. Estaba avergonzada, sí, pero
también estaba excitada como nunca soñó estarlo. Nunca imaginó que después
de esos azotes estuviera esperando ansiosa el resto. Ese hombre sabía lo
que hacía, y ella se dejaba hacer…
Se puso nuevamente sobre sus rodillas, se acomodó de forma
tal que pudiera seguir sintiendo la erección de su verdugo, se aflojó y…
sintió el primer azote en sobre su piel desnuda! Dolió! Ardió.
Sintió escozor! Pero no pudo detenerse a pensar demasiado en ese azote
porque antes de darse cuenta ya estaba sintiendo el otro, y el otro, y el otro,
y… el dolor se le estaba haciendo insoportable. Todo su trasero
ardía como una brasa encendida!
El Director estaba gozando al máximo! Por fin tenía a
su merced a esta mujer y su adorable trasero! Estaba fascinado mirando
cómo el color rosa fuerte que tenía cuando se puso en su regazo por segunda vez,
se fue tornando cada vez más rojo. Él había tenido la precaución de ir
esparciendo los golpes en forma pareja, para dejar todo ese hermoso y enorme
culo de un color uniforme. Durante todo el rato siguió diciéndole cómo
debía tratar a las personas, de ser más educada, de tener más respeto, etc.
Y la mano seguía cayendo sin piedad… Plas! Plas! Plas…!
Cristina no soportaba ya ni un golpe ni una humillación más!
No veía la hora de terminar. Le ardía su trasero y su orgullo estaba
destrozado. Pensó que no podría sentarse por el resto de su vida!!
Durante la golpiza había pataleado, se había movido y había tratado de poner sus
manos para evitar algún golpe. Todo esto terminó cuando él la amenazó con
aumentar la cantidad de palmadas…
- …y 60! Ahora párese! Y puede sobarse un rato
mientras preparo el resto de su castigo.
- Ya no más, por favor!!!
- Señora, lo hubiera pensado antes de aceptar! Ahora, ya es tarde,
aunque se puede ir cuando desee y pagar el triple de la multa… Es su
decisión.
El Director sabía que no se iría. Por fin la tenía en
sus manos, que aunque estaban dolidas y también le ardían por el efecto de los
golpes, no pensaba dejar este castigo por nada. Quería ser un
verdugo implacable con ella. Y lo estaba logrando.
- Ya estuvo bien de descanso! Acérquese aquí.
Quítese la falda… y sin protestar!
Miró la enorme regla de madera dura que tenía en la mano,
pero ya no tenía deseos de suplicar, sabía que era en vano. Tomó la
posición que él le indicaba: las palmas de las manos apoyadas en la pared,
los pies alejados como a un metro de ésta, las piernas algo abiertas, el trasero
en pompa ofrecido hacía él como un regalo… y la lluvia de reglazos
comenzó! Uno tras otro mientras sentía un enorme escozor por fuera y por
dentro… una enorme excitación mojaba enteramente su entrepierna!!
Y finalmente sobre el sillón sintió la piel del cinto que su
verdugo se había quitado de su pantalón y había doblado en dos para hacerlo
estallar sobre aquella parte adolorida y machucada de su anatomía.
-Felicitaciones!! PLAS! Aquí comenzamos el
cambio… PLAS!! de la tercera parte de la canción: PLAS,
PLASSS, PLAASSSS!! Tendrá que alargar esa… PLASS! PLAS!!
“falda muy corta”!
Cristina no comprendió lo que le decía hasta que los golpes
comenzaron a caer sobre la parte baja de sus muslos y piernas. Quedarían
marcas que si no quería que la gente lo notara, tendría que alargar su falda…
Cuando el castigo por fin terminó, él vino con una crema que
pasó con todo cariño sobre sus nalgas tan maltratadas, mientras le decía:
- Bien, hemos logrado en esta primera sesión, lo que
quería: bajar su frente, acortar su lengua y bajar su falda, porque tiene
prohibido usar pantalones! Y para que se pueda sentar a gusto necesitará
alrededor de 19 días, pero para aplacar la humedad que sentí en su entrepierna
necesitará como… 500 noches!- le dijo con una sonrisa burlona y cierto
tono de sarcasmo!!
- Recuerde señora: la próxima sesión será el jueves que viene a la misma
hora. Más le vale que sea puntual o… necesito explicarle lo que
recibirá a cambio de cualquier falla de su parte? No, no lo creo!
Cuando hayan pasado los 5 jueves y su castigo haya sido cumplido, le daré todos
los originales para que haga lo que desee con ellos. Eso siempre y cuando
se cumpla la totalidad del castigo. Supongo que no se permitirá el lujo de
faltar!
- No faltaré… -respondió ella con un hilo de voz que a él le sonó extraño,
como con un dejo de picardía. Sería así? Solo Cristina lo podría
responder…
Ana Karen
10 de octubre de 2005