Mañana, mañana volvemos. Qué cortos que se me han hecho estos 10 días en
Galicia. El primer día viví un forzamiento en los servicios de una estación de
servicio y eso me cambió totalmente. Transformándome en una mujer no sólo a
efectos materiales con mi desvirgamiento, sino a raiz de las experiencias
sexuales que he tenido estos días, a efectos personales.
Mis mejores amigas, que ahora mismo están también durmiendo en la misma
habitación en que me encuentro, también han vivido su propia primera experiencia
sexual. Paciana fue la primera en saltar al campo de juego, visitando a Braulio,
el mestizo cocinero del colegio con el que también cogí yo el día de nuestra
llegada aquí. Después de la cogida en la estación, me pasé el resto del trayecto
en bus pensando en ello y desenbarcamos en la residencia estudiantil conmigo
super excitada. Por lo que busqué una relación rápida y fácil y en la cocina
encontré lo que buscaba. La segunda en conocer el placer prohibido fue Perpetua.
El día después de descubrir mis amigas que tenía unas cuantas cosas a esconder,
viéndome enrollar con el jorobado que encontramos en las azoteas de la catedral
de Santiago de Compostela. A partir de eso los secretos se iluminaron no
totalmente, pero sí lo suficiente para que se estableciera entre nosotras una
complicidad con húmedos resultados.
A Perpetua le teníamos preparado que también visitara a Braulio, el cocinero.
Pero durante la tarde le salió una oportunidad y entregó la rotura de la
membrana virginal de su vagina al padre de nuestro amigo gallego Fidel. Con el
que casualmente también me había relacionado yo el primer día que fuimos a su
casa a ver una película.
Todas estas relaciones las llevé en secreto, y aún no he revelado a mis amigas
la mayoría de secretos que les escondo y que, les esconderé. La tercera fue
curiosamente mi amiga más guapa, Fabiola. La noche de domingo a lunes la
acompañamos las tres a visitar a nuestro desvirgador titular, Braulio. Fue muy
bonito contemplar las tres en directo, y Fabiola en primera persona, como
Braulio le metía la verga y por el grito que pegaba Fabiola se escapaba la niña
que fue. Esta noche se supone que también debe haver visitado al mestizo
Perpetua, la única que de momento aún no lo había hecho con él. Cuando suene el
timbre y nos levantemos nos lo tiene que contar todo.
Estoy entregada a estos y otros similares pensamientos en la media hora que
precede a la hora oficial del colegio en que sonará el timbre para que nos
despertemos. Yo estoy tumbada en mi cama con los ojos cerrados al parecer
durmiendo, pero mis amigas quizá están haciendo lo mismo que yo y pensando sus
propias cosas. Como me pasa a veces se me hace pesado pensar, pero al final el
timbre me acaba salvando.
-riingg-
Lo primero que miro después de abrir los ojos es la cara de Perpetua. No sé si
me lo parecerá a mi pero creo verla sonriendo, seguro por la activa noche que
debe haver pasado en la habitación del cocinero. Aunque quizá todo son paranoias
mías y... ¿cómo va a sonreír una persona durmiendo? Fabiola parece que estaba
tan semidespierta como yo, pues nos levantamos en el mismo momento.
-Fabiola: uhm, ¿la ves Rosi? Parece que Perpe esté sonriendo.
-Rosanna: yaha, a mi también me lo ha parecido. Pero igual son... paranoias
nuestras.
-Fabiola: yo creo que no, sin duda ha visitado al cocinero esta noche, y si lo
pasó como lo pasé yo... yo también sonreiría dormida la verdad.
Una primera, segunda y tercera pero todas acabamos levantadas. Perpetua nos dice
que, como hizo Paciana anteayer, nos contará la aventura de viaje en el bus.
Mientras almorzamos la leche con galletas que nos ha sido servida cada día,
escuchamos el plan que nos relata el profesor Heriberto.
-Heriberto: ... será mejor que toméis un poco de dinero. Porque esta mañana la
pasaremos recorriendo una vasto mercado callejero que es dispuesto cada martes
aquí cerca del colegio. No tomaremos el autobús e iremos a pie hasta el parque
donde está dispuesto ese mercado. Traed todas vuestras mochilas pues os serán
necesarias para cargar con los souvenirs que adquiráis. La tarde será, como os
debéis suponer, la última tarde que pasáis en Galicia, porque mañana por la
mañana emprendemos nuestro viaje a casa. Aprovechadla bien porque es, libre.
Tarde libre para hoy.
-bieeeen- -bieeeen- -bieeeen-
El profesor se vuelve a sentar y terminados nuestro almuerzo en un santiamén.
Nos han mandado que nos encontremos en la puerta central dentro de una hora, por
lo que Fabiola cree que hay tiempo suficiente.
-Fabiola: ¡Perpetua! vamos todas a nuestra habitación y nos lo cuentas, que no
tomaremos el bus.
-Perpetua: vale, vamos.
Regresamos a la habitación y nos sentamos la tres espectadoras en una misma
cama, ante la que va a discursar Fabiola en la cama de enfrente.
-Perpetua: vamos a ver, je je, ¿por donde empiezo?
-Fabiola: muy graciosa ella, claro como todas nosotras estamos con el cinturón
de castidad. Eres la única que ha comido carne en las últimas 24 horas.
Yo recuerdo personalmente que también he tenido mi relación con, un salmón ayer
en el barco, pero... digamos que no fue carne, sino pescado y no me siento en
absoluta mentirosa cuando digo.
-Rosanna: sí, explícalo por episodios correctamente ordenados. Empieza por el
camino hasta su habitación. ¿Ningún problema verdad?
-Perpetua: pues más de lo que me esperaba. Mira, salí de la habitación a las 2,
¿quizá me oísteis?
-no- -no- -no-
-Perpetua: bien pues, fui por el mismo camino que anteayer. Pero al pasar por
delante esa puerta que está iluminada, ¡estaba abierta!
-¡uy!- -¡qué dices!- -¡había alguien!-
-Perpetua: había alguien sí, y se oían voces de dentro.
-Paciana: ¿de chica o de chico?
-Perpetua: de chico, para mi que en esa puerta se reune el personal nocturno del
colegio. De seguridad, limpieza o algo así.
-Paciana: sigue sigue, ¿qué pasó?
-Perpetua: ahí nada, porque pasé por delante de un salto. Nadie me vio, y si me
vio prefirió olvidarlo.
-Fabiola: vale, de ahí hasta la puerta del cocinero no te seguía nadie.
-Perpetua: seguirme no, pero, adivinar a quien me encontré.
-¿qué dices?- -¿a quién?- -¿a una compañera?-
-Perpetua: a Rita.
-Paciana: ¿a Rita! pero a donde iba a esas horas?
-Perpetua: pues por qué extrañarse. Quizás al mismo sitio que yo, o parecido.
-Fabiola: iba, o venía, je je. Quizá venía de la habitación de Braulio.
-Perpetua: mmm.. no, venía de un pasillo diferente.
-Rosanna: bueno, ¿y qué os dijisteis?
-Perpetua: pues hola, qué nos íbamos a decir. Pero me olí a gato encerrado
porque igual que yo, nos lo dijimos susurrando.
-Fabiola: ja ja ja ja. Era para veros, dos alumnas que se cruzan en plena noche
a secretas por las dependencias de un colegio, y se dicen buenas noches, en voz
baja.
-Paciana: ja ja ja, vete a saber de donde venía.
-Perpetua: o iba. Bueno al caso, la dejé y ahí seguí mi camino hasta la
habitación.
-Paciana: ¿y nada más, no te encontrastes más gente?
-Perpetua: por fortuna, no. Llamé el santo y seña en la puerta y a la primera me
abrió. No se sorprendió claro, pues nos conocimos de la noche anterior. Entré en
la habitación y no me corté mucho la verdad, a la estuvo cerrada la puerta le
planté un beso.
-Paciana: mmmm, me estoy poniendo caliente.
-Fabiola: y yo.
-Rosanna: como que lo huelo desde aquí, ja ja.
-Paciana: ¡ay calla!
-Perpetua: bueno, calmaros porque, je je, hubo más.
-Paciana: vale, déjala a esta, sigue.
-Perpetua: pues nos fuimos morreando ante la puerta y me sacó la ropa. Lo
primero que me bajó es los pantalones del pijama. Se puso de rodillas ante mi
pucha y me la comío. Mmm, me metía la lengua padentro y la movía. Y yo tomaba su
cabeza y la apretaba contra mi para que me metiera la lengua más adentro.
-Paciana: ooh, qué envidia, por mis tetas que esta tarde quiero hacerlo con
Fidel.
-Perpetua: y yo con Tiberio, espero que estén todos. ¿No Fabi?
-Fabiola: claro, cada uno con su novio y Rosanna con Augusto. Espero que no se
corten mucho porque, estaremos mirando la película juntos.
-Rosanna: tienes razón, el señor Augusto no se cortará mucho conmigo en la
biblioteca. Pero Tiberio, Fidel y Aniceto, no se si se atreverán.
-Perpetua: a lo que iba, que dentro de media hora salimos para el mercadillo. Me
gustó tanto que me comiera la almeja que, le pedí que se estirara en la cama y
yo me senté encima su cara.
-Fabiola: ja ja ja, ¡pero donde vas! a ver si le haces daño y nos lo hacen pagar
por nuevo!
-Perpetua: no mujer, no lo boté en la cara, sólo prosiguió su comida. Me siguió
comiendo un rato el potorro hasta que me consideré llena. Entonces me le senté
encima, ahora de la verga, y lo follé.
-Paciana: ¿y lo montaste todo el rato? no cambiasteis de posición?
-Perpetua: sí, alguna que otra posición hicimos. Pero siempre llevando el bastón
de mando yo. Por ejemplo lo hicimos en la posición típica, la del misionero,
pero no es él que metía, sino yo que, con las piernas abrazadas tras de él, me
lo follaba.
-Rosanna: ja ja, vaya una que estás hecha, eres mujer de armas tomar.
-Perpetua: pues será. El caso es que lo seguí follando hasta las 5
aproximadamente. Se corrió unas cuatro veces, después de cada una lo dejaba
descansar un rato y cuando se le volvía a empinar lo jodía de nuevo.
-Fabiola: ji ji, pobrecito, ¿estará trabajando hoy?
-Rosanna: yo me enteraré este mediodía, cuando vengamos a comer me acercaré un
instante a la cocina.
-Paciana: y ¿te pedirás turno? porque hoy va a ser la última noche.
-Rosanna: mm, no, no lo considero vital. Podéis pedíroslo tú o Fabiola.
-Fabiola: vale, lo echaremos a suertes. Porque nos debes una Perpetua. Yo lo he
hecho sólo una vez, Paciana otra y Rosanna.. ¿dímelo tú Rosanna, cuantas nos
debes?
-Rosanna: esto... es que no las he contado, no sé..