Hola a todos, esta es una historia real que me cambió la vida
a mí tanto como a mi mujer. Tengo 27 años y soy de Buenos Aires. Mi mujer es del
interior del país. Todo comenzó un año y medio o dos luego casarnos. Yo la había
deseado desde siempre en la facultad, ella es preciosa, cara angelical, no muy
alta, con un busto mediano y una cola hermosa que todos le admiran. Ella no
suele marcar mucho sus curvas pero a veces usa unos pantalones blancos de una
tela muy suelta que le marcan las nalgas de una manera increíble. Yo la veo así
y me la quiero coger.
Nuestra vida sexual siempre fue de buena a excelente pero en
el último tiempo, por el trabajo y el cansancio, fue decayendo el interés y la
calentura por ese momento tan íntimo y placentero que teníamos. Yo, para
calentarmeos, comencé a alentarla a que me cuente historias sexuales de su
pasado, todo con la idea de recuperar un poco el deseo perdido. Con cuántos lo
había hecho, quien se la había cogido mejor, etc…eran las preguntas. Y las
respuestas mas o menos las sabía, ya hacia tres años que estábamos juntos. Hasta
que un día me sorprendió con una historia que tenía olvidada…por vergüenza:
"… tenía 20 años y salía con un chico mayor, de 32,
obviamente que a escondidas de mis padres, que nunca quisieron que esté con un
chico tan grande". Ella era hija única y la protegían demasiado hasta que se les
vino a la capital.
Siguió contandome: "…lo conocí cuando trabajaba en un kiosco.
Yo tenía un noviecito de mi edad, Julio, que era divino pero la verdad es que
siempre que lo hacíamos me dejaba con las ganas porque acababa enseguida. El
chico de 32 se llamaba Damián, no tenía ningún atributo especial, solo que su
seriedad me intrigaba, era correcto cuando venía a comprar, en alguna ocasión me
hizo algún chiste, pero nada grosero ni fuera de lugar. Un día me lo encontré en
la calle. Yo esperaba el colectivo y el pasó con el auto, me ofreció llevarme
hasta mi casa, a 15 cuadras, y acepté. Subí al auto y mucho no me decía hasta
que le pregunté que hacía y cosas así para sacar un poco de conversación. Me
contó un poco de su trabajo, era encargado en una estación de servicio, y nada
más. Cuando me dejó en mi casa me guiño el ojo, sonriéndome, y me gustó, tenía
una familiaridad extraña.. Al día siguiente vino a comprar como de costumbre y
nos quedamos charlando un poco. Hacia el final de la charla, la vi venir porque
se puso un poco colorado, me invitó a ir a tomar algo a la noche. Le dije que
sí, por curiosidad, además me sentía cómoda.
Le pedí que no me pase a buscar, por mis padres, y nos
encontramos en un bar del centro. Estuvimos tomando una cervezas y en un momento
me dí cuenta de que la estaba pasando muy bien, Damián era divertido y muy
bonito. Me hacía reír. Se hizo tarde y le pedí que me lleve a casa. El me dijo
que me vaya con él, a su casa. Vivía solo. Me hice la estrecha pero le dije que
sí. Llegamos a su casa y me dio uno de los besos más lindos de mi vida. Me
abrazaba, me agarraba bien fuerte y a mi me encantaba. Y empezó a tocarme la
cola, que es algo que me enloquece, me levantó la camiseta que tenía y me empezó
a besar los pechos muy tiernamente. La verdad es que había estado con chicos que
me trataron bien pero Damián se llevaba todos los aplausos. Me tiró en la cama,
me sacó los pantalones junto con la tanga y empezó a chuparme la concha.
Enseguida le acabé a los gritos susurrándole que me coja, que lo quería sentir
adentro. La verdad es que se hizo rogar porque me la siguió chupando y
metiéndome dedos. Y ahora me metía dedos en la cola, tarde o temprano todos
quieren jugar con mi cola. Empezó con uno y después dos. Yo le pedía que me
coja, el quiso empezar por ahí pero le dije que lo quería adelante primero.
Entonces me dio vuelta y muy despacio me la metió toda. Era una poronga mediana,
con una cabeza bastante más grande que el tronco y desviada hacia un costado.
Cuando me la terminó de meter yo estaba lubricadísima, pasó las manos por debajo
de mis nalgas, las agarró fuerte y me empezó a dar.
Primero despacio y luego más fuerte. La verdad es que cuando
me la daba con todo, me olvidé de mis buenos modales y lo empecé a putear, a lo
que él respondía con más fuerza en sus embestidas. Pasó un buen rato y él no
acababa, yo ya había acabado dos veces con el adentro. Me cambió de posición, en
cuatro, y tampoco acababa, eso me sorprendió porque todos los chicos cuando me
ponen en cuatro y me agarran de la cintura no se aguantan nada y me llenan
enseguida, lo que me calienta muchísimo; se puso mis piernas en los hombros y no
acababa. Le dije que no podía más, ya había pasado una hora y media de bombeo y
estaba cansada. Me dijo que me quería llenar la cola…y le dije que sí. Quería
terminar, estaba molida y estaba acostumbrada a hacerlo por la cola, así que se
la ofrecí. Me pasó lubricante por la cola y me la metió de a poco, cuando
terminó de pasar la cabeza pude volver a respirar, y me relajé esperando que
Damián acabe. Creo que no pasaron 5 minutos y me llenó, haciéndome doler un
poco. El me dijo que mi cola lo volvió loco. Me abrazó y nos fuimos quedando
dormidos.
Comenzamos a vernos mas seguido y terminábamos cogiendo en su
casa 2 o 3 veces a la semana. Al pobre de Julito le tuve decir que ya no estaba
bien con él y entendió. Ahora era de Damián". Hasta ahí el relato había logrado
excitarme bastante, tenía la poronga dura, pero algo me decía que faltaba algo
más, entonces le pedí que siguiera. Y siguió: "…Era de Damián y me encantaba.
Sabía cogerme largo, le contaba a mis amigas y no podían creer las cosas que me
hacía mi compañero sexual. Empezamos a compartir muchas cosas y eso incluía
salidas con sus amigos, paradas en bares, ir a bailar al único pub decente del
pueblo y cosas así. Hasta que un día empecé a preocuparme por una situación
extraña que sucedió. Estábamos en un bar bebiendo, yo sentada en sus rodillas,
en la mesa estaban 2 amigos de él con sus mujeres. Empezaron a pasar música para
bailar y yo lo saqué a él a la pista. El era medio tímido para bailar pero
accedió, al igual que una de las dos parejas que nos acompañaban. Ellos eran
Lucas y Roxana. Estuvimos un rato bailando y riéndonos cambiamos de pareja.
Lucas era muy feo de cara pero simpatiquísimo. Bailábamos rocanrol y él lo hacía
muy bien. Fue un segundo en el que vi cómo Roxana le decía algo al oído a
Damián, mirándome de un modo extraño, y él rió. Lucas me agarró fuerte en ese
momento, abrazándome y sujetándome de la cola. Rápidamente se soltó y la canción
terminó.
La situación fue extraña y me dejó pensando, luego lo olvidé
y seguimos bailando normalmente. Esa noche Damián me llevó a su casa, yo estaba
un poco borracha y cansada por el baile. Antes de llegar a la cama me estaba
haciendo que se la chupe". La historia seguía intrigándome y excitándome mucho,
mi mujer, mientras me contaba, me masturbaba lentamente sin hacer que yo llegue
al orgasmo. Yo, embobado por su relato, quería seguir oyendo: "…Pasaron un par
de semanas y Lucas nos invitó a su cumpleaños. Era algo íntimo, solo para los
amigos. Recuerdo que Damián me regaló un vestido para lucir esa noche, yo lo
veía un poco corto para mí pero el insistió y me lo puse.
Llegamos y éramos 10 o 12 personas, algunos conocidos y otros
no. La pasamos muy bien, tomando, bailando un poco y charlando. Se hizo tarde y
la gente comenzó a irse hasta que quedamos Lucas, Roxana, Damián, dos chicos
más, amigos de Lucas, y yo. Estábamos tirados en los sillones del living,
charlando y riéndonos de nada en especial, cuando se cortó la luz. Lucas dijo
que nos quedáramos en el lugar, que él iba a ver que pasaba. Damián, a mi lado,
comenzó a acariciarme la cola metiendo su mano por debajo del vestido. Los demás
se reían de la extraña situación de oscuridad. Yo trataba de quitarle la mano
por si volvía la luz enseguida y nos descubrían. Él comenzó a besarme el cuello
y yo a calentarme pero estaba lo suficientemente sobria para comportarme.
Escuché, en la oscuridad, risas, algunos ruidos, luego silencio y luego…suaves
gemidos. Damián no prestaba atención a esos gemidos y se entusiasmaba más en
tocarme la concha.
Yo trataba de apartarlo y comencé a inquietarme, aunque
estaba húmeda. Hasta que en un momento me dio vuelta, poniéndome boca abajo en
el sofá y levantándome el vestido me acariciaba la cola. Me bajó la tanga y
comenzó a chuparme el ano. Su lengua pasaba lentamente por mi agujerito y yo
chorreaba por adelante. Los gemidos que se escuchaban en la oscuridad eran de
Roxana, no quise detenerme a pensar en lo que estaba pasando porque la estaba
pasando genial. En eso siento otras manos acariciándome la cola, no sé quien
pero me lo estaban haciendo.
Quise zafarme levantándome y diciendo que no, que así no.
Pero me volvieron a acostar en el sillón. Por las manos noté que eran 3 los que
me sujetaban. Supuse que sería Damián y los otros dos chicos. Se prendieron las
luces de golpe haciéndome cerrar los ojos. Cuando los abrí pude mirar por encima
de mi hombro y en realidad eran Damián, Lucas y uno de los chicos. En el sillón
de enfrente estaba el chico restante culeandose a Roxana, totalmente desnudos
todos. Por lo que veía yo era la única que trataba de resistirse, ya que Roxana
la estaba pasando super. Damián volvió a chuparme la cola mientras Lucas y el
otro chico, un morochito flaco y marcadito, me sujetaban. Damián subía y me
decía cosas al oído, calentándome más. En un momento me dieron vuelta y Damián
fue el primero en entrar en mi concha, yo me olvidé de todos y lo empecé a
disfrutar, a los 3 minutos le acabé gritando como una yegua, mirando hacia el
costado y viendo cómo Roxana se ponía en perrito, con la cabeza apoyada en la
alfombra y poniendo su culo en pompa para ser penetrada por Lucas, que había
cambiado de sector.
Damián me volteó boca abajo para cogerme pero por la concha,
yo lo sentía entrar y me volvía loca, hasta que en un balbuceo se me escapó:"…la
cola…la cola…" , mi hombre se volvió loco y sin ningún tipo de tacto me la metió
en el culo, yo me tocaba la concha y acabé enseguida, llevándomelo a él conmigo.
Las luces se volvieron a apagar y después no podría decir lo que sucedió con
exactitud. Sí recuerdo que me alzaron y me llevaron arriba, al dormitorio donde
me tiraron en la cama grande. Al instante tenían a alguien clavado por adelante,
yo no sabía quien era pero acabó enseguida, recuerdo que murmuré:"…no duraste
nada, hijo de puta …!!! Yo, ya suelta y caliente como nunca lo había estado,
pajeaba cualquier pija que tocaba en la oscuridad. Una se me acercó a la boca y
no lo dudé. Sé que estaba boca abajo, con alguien clavado en mi cola y una
poronga en mi boca. El que estaba en mi culo era Damián de nuevo, que acabó y le
cedió su lugar a otro, que creo que era Lucas. Volvieron a prender las luces. Y
Lucas, que era la primera vez que me culeaba, con una pija riquísima, no se
aguantó al ver mis nalgas moviéndose delante de él y me llenó el culo. Esa noche
todos los hombres me cogieron, y a Roxana también. Al parecer mi cola era el
gran éxito de la noche, yo me sentía un poco avergonzada por eso, ya que yo la
veía un poquitín grande". Escuché todo, absorto. Ella me empezó a pajear un poco
más rápido y cuando vio que me venía se la metió en la boca de golpe. Se tragó
toda mi leche enseguidita y me limpió.
Desde esa noche la historia de mi mujer me cambió y me hizo
verla más puta de lo que aparentaba, ella admitió su gusto por la fiesta de a
muchos, y me planteó hacer algo al respecto ya que la idea era mejorar nuestra
vida sexual.
Lo primero que hicimos fue llamar un acompañante masculino
para ella, y nos la cogimos entre los dos en un hotel. Luego fue el turno de un
club swinger en capital. Había gente de todos los tamaños y gustos, pero
encontramos una pareja que estaba de principiantes como nosotros. Después de los
tragos obligados y de bailar él se la cogió en un rincón, de parado. Le subió la
minifalda que tenía, le bajó la bombacha y se la clavó, mientras su mujer me
chupaba la poronga. El muchacho la tenía bastante grande y a mi mujer parece que
le dolía tenerlo adentro, entonces me miraba, trataba de separarse y hacía que
no con la cabeza para que yo interceda y la separe, cosa que no hice porque
estaba como hipnotizado viendo lo que le hacían. Tuvimos experiencias buenas y
otras no tanto (como el día que, en una fiesta particular, se encerró con cuatro
tipos en una habitación tres horas y me puse celoso). Nos peleamos y nos
reconciliamos. Pero aprendimos como disfrutar del sexo a pleno.