Cómo me hizo temblar
Temblaba por la mezcla entre miedo y excitación, por fin iba
a hacerme suya. Y allí estaba yo sobre la moqueta de esa habitación de hotel,
esperando recibirle, esperando que me tocase, que me disfrutase…
Estaba nerviosa, me había puesto mi vestido nuevo y había
acudido al centro para encontrarme con él por primera vez. Llevábamos mucho
tiempo en contacto por internet, y a pesar de algún malentendido al principio,
nos compenetrábamos bien, hablábamos, reíamos, y ahora íbamos a pasar a una
nueva fase.
Me situé delante de la puerta de la habitación de hotel,
donde él me había citado esa misma tarde y me quedé pensativa.
Durante toda la semana había tenido dudas, sobre mi
asistencia a la cita, él las conocía. No me atrevía a llamar, me quedé
petrificada, sin saber que hacer, sintiendo ese miedo profundo que tienes antes
de dar un paso, que atraviesa la línea de no retorno, un punto en el que ya no
hay vuelta atrás. También sabia que si no llamaba él no iba a salir a por mí,
había dejado claro que era voluntad mía dar ese paso.
Finalmente respiré profundo y golpeé la puerta con el puño,
mi cara reflejaba el pánico que sentía por dentro. Estaba tan nerviosa que mis
pulmones sentían esa opresión derivada de la ansiedad, en momentos de
nerviosismo extremo. La puerta se abrió despacio y apareció él, no pude evitar
esbozar una sonrisa, se retiró a un lado, dándome vía libre para acceder a la
habitación. A duras penas podía caminar debido al tembleque de mis piernas, di
unos pasos y me quedé expectante, esperando para recibir ordenes, sin tener muy
claro si iría directo al grano, o primero charlaríamos. Él rompió el silencio:
- ¿Quieres beber algo? Hoy hace mucho calor, ¿verdad?-
Escuchar esas palabras supuso un gran alivio para mi – Un
vaso de agua fresca, por favor- conteste con un hilillo de voz que a penas si
oía yo.
Empezamos charlando de todo un poco y yo me iba relajando
poco a poco, él lo sabía, y según yo me relajaba él se iba acercando a mí. En
una pausa en nuestra conversación bajó la cremallera de su pantalón y me miró,
yo ya sabía que debía de hacer. Me arrodillé en el suelo y comencé a lamer ese
miembro que tantas veces había deseado tener en mi boca. Poco a poco lo iba
saboreando, mi lengua empezaba a recorrerlo desde su base hasta la punta, para
finalmente entrar todo dentro de mi boca, estaba completamente empapada desde
que había salido de mi casa, debido a la excitación, pero esa situación provocó
que me excitase aun más, sentí también como mis pezones reaccionaban, y mis
pechos se endurecían. Tiró de mi pelo, separándome de ese miembro que tanto
había deseado, y entonces ordenó –Desnúdate.-
Solté las tiras rodeaban mi cuello y sujetaban ese vestido
que tanto había tardado en elegir y tan poco tiempo me había durado puesto. Dejé
caer el vestido, me aparté lo recogí y lo aparté, acto seguido me quité el tanga
quedando totalmente desnuda ante mi Amo.
De nuevo mis piernas se volvieron gelatina, y sentí un gran
nudo en el estomago, al no saber que iba a suceder. Esperando nuevas ordenes,
que no tardaron en llegar –Arrodillaté- dijo desde el otro lado de la
habitación, yo no me atrevía siquiera a girarme para ver que hacía.
Sentí como se acercaba a mí y toda mi piel se erizó, cubrió
mis ojos. Fueron unos segundos en lo que me cubrió los ojos y acto seguido se
separó. Le notaba respirar junto a mí pero no decía ni hacía nada.
Yo estaba nerviosa, de vez en cuando notaba el airé que movía
al moverse rápidamente junto a mí. Yo, indefensa, nerviosa, excitada, deseando
que me tocase, deseando sentir su piel sobre la mía, deseando ser suya.
No se cuanto tiempo duró esa tortura, pero así, sin tocarme,
sin hablarme, sin nada, simplemente observándome él consiguió que mis flujos
comenzaran a derramarse por mis piernas, gota a gota por la cara interna de mis
muslos.
De repente sus manos comenzaron a acariciar mis pechos,
suavemente, prácticamente me hacían cosquillas. Poco a poco fue aumentando la
intensidad, y empezó a dedicarse sólo a mis pezones. Los estaba endureciendo
lentamente, se notaba que no tenía ninguna prisa. La intensidad seguía
aumentando y empezaba a sentir dolor, pero sabía que no debía quejarme. De
repente paró y acto seguido noté una tremenda punzada debida al aprisionamiento
de mi pezón por los dientes de una pinza, que me hizo dar un grito inevitable, y
también inevitablemente recibí una bofetada. Seguido me colocó otra pinza en el
otro pecho.
Nunca me habían pinzado y el dolor era muy fuerte, un par de
lágrimas se escaparon de mis ojos para resbalar por mis mejillas. Mi grito le
había disgustado y así lo demostró diciendo – No debiste gritar perra, abre la
boca- obedecí con miedo, y el metió mi tanga en la boca, para a continuación
sellarla con esparadrapo.
Después me cogió del pelo y tiró de mi, obligándome a poner a
cuatro patas y gatear detrás de él. Esto a parte de suponer un mayor dolor en
mis pechos, consiguió desorientarme totalmente. Después de dar varias vueltas a
la habitación, paró, me hizo erguir el torso, desaprisionó mis pezones, causando
si cabe, más dolor que el poner las pinzas y me ató los brazos a la espalda,
después me empujó, dejando caer sobre el borde de la cama, la parte superior de
mi torso, esto supuso de nuevo un fuerte dolor en mis pezones que seguían muy
doloridos.
Pocos segundos después de estar en esa posición recibí un
primer azote sobre mi culo, no los dabas con la mano, sino con una paleta, el
dolor y quemazón eran intensos, pero él sabia lo mucho que me gusta que me
pongan el culo bien rojo, y mi entrepierna lo demostraba. A estas alturas mi
excitación era prácticamente insoportable, necesitaba que me tocase, y me
penetrase. Los azotes se iban sucediendo uno tras otro, y cuando mi culo estaba
tan rojo que sentía que iba a estallar, comenzó a azotar la parte mas superior
de mis piernas, donde el dolor y picazón de cada azote era mucho peor.
De repente paró, y acto seguido metió un dedo dentro de mi
comprobando mi elevado grado de excitación, al dedo le siguió otro dedo, sin
embargo, ninguno de los dos tardo en salir. Sentí entonces un chorro frío sobre
mi agujero trasero, que nunca había sido penetrado, intenté hablar para suplicar
que tuviese cuidado, pero sólo hice ruido, y conseguí cinco nalgadas más sobre
mi dolorido culo. Comenzó a masajear mi agujerito, poco a poco suavemente
metiendo un dedo dentro, una vez que estuvo dentro lo sacó y volvió a empezar,
después de realizar el proceso un par de veces, y mientras todavía no me había
dolido, ni resultado nada molesto, comenzó a meter algo frío y de tacto
metálico, al principio me agradaba, pero poco a poco se iba ensanchando y mi Amo
debía hacer mas fuerza para introducirlo, me dolía, pero poco a poco iba
cediendo, y me estaba empezando a gustar. En un momento dado, cuando a mi me
empezaba a preocupar que mi agujero no diera mas de sí, lo que me estaba
penetrando se volvió mas delgado, quedando completamente atrapado por mi culo.
Acto seguido me hizo incorporarme sobre las rodillas y
girarme, metiendo su pene en mi boca, me agarraba de los pelos y follaba mi
boca, bruscamente, a mi me gustaba, empezaba a acostumbrarme al cuerpo extraño
en mi culo, y a disfrutar con su presencia. Su miembro en mi boca me hacia
sentir especial, y lo único que deseaba en ese momento es ser capaz de recibir
los jugos de mi señor en mi boca.
No tardo en retirarse de mi, rociando mi rostro con sus
deseados flujos lo cual me excito aun más si cabe. Después le limpié. Quitó
entonces la venda de mis ojos y soltó mis brazos de su prisión, sin embargo, no
desamordazó mi boca.
Limpió mis ojos, llorosos debido a las lagrimas que había
vertido con las pinzas que puso en mis pezones. Me llevo a la cama donde me ató
de pies y manos en forma de aspa. Después volvió a la bolsa de donde había
sacado todos los objetos que había utilizado hasta el momento, sacando de ella
una vela, rápidamente la prendió y la deposito en la mesilla.
Se sentó a horcajadas sobre mis caderas, y empezó a besar mis
pechos, mordiendo mis pezones, haciéndome sentir escalofríos de lo bien que lo
hacía. Yo llevaba ya mucho tiempo necesitando correrme, tenía todavía dentro de
mi culo el cuerpo extraño, pero necesitaba sentir algo en mi coño, el se
desplazó hacia abajo y empezó a lamer mi clítoris, yo no podía más, iba a
correrme … estaba a punto cuando un mordisco en mi botoncito me causó tal dolor,
que a pesar de la mordaza sacó un grito de mi, acto seguido él se separo.
Estaba sentado a mi lado, y tomo entre sus manos la vela,
comenzó a verter la cera sobre mi estomago, y fue subiendo poco a poco, quemaba
pero era a su vez muy excitante, sobre todo cuando empezó a subir para ir a
parar a mis pechos, la vertía haciendo una espiral sobre ellos, que tubo como
centro y fin mis pezones que ya muy doloridos, a penas podían soportar ese
calor.
Yo estaba toda sudorosa, no podía más necesitaba correrme, el
estado de excitación en el que llevaba ya mucho tiempo, estaba empezando a
agotarme. El comenzó a tocar mi botoncito, y esta vez sí nada más empezar sentí
un gran escalofrío de placer, mis piernas empezaron a temblar, y mi cuerpo fue
sacudido por varios espasmos que formaban parte de uno de los mejores orgasmos
de mi vida. Acto seguido, retiró el consolador de mi culo, y yo me quedé muy
relajada. Sin embargo fue algo que no duró mucho ya que él decidió que era el
momento de retirar la cera, para lo que cogió una pequeña varilla de bambú y
comenzó a dar golpes sobre los restos de cera haciéndola saltar. Y provocando en
mí el dolor más agradable de mi vida. Cuando terminó subió de nuevo a la cama,
se colocó a horcajadas sobre mi, y me penetró, me cabalgó violentamente hasta
que poco después de haberme corrido yo, él derramó todo su jugo sobre mis
pechos.
Después de tan maravillosa experiencia, él me desató, besó
mis labios, acarició mi pelo, y me llevó a darme un gran baño, en ese momento me
di cuenta de que no tardaría en repetir.