
Las aventuras de Recio Bestt agente de policía nº 4057
Introducción
Hace unos mil doscientos años en el planeta Tierra, hubo una
confrontación bélica entre las mujeres y hombres por el control del planeta. Que
finalizó con la derrota de los machos, que confiados en el poder de sus
músculos, fueron fácilmente vencidos por el poder de las máquinas bélicas que
fabricaron las mujeres.
Tras la derrota, fueron confinados en campos de concentración
a la espera de qué decisión tomaban las hembras con ellos. Hasta que, a raíz de
descubrirse casualmente la existencia de un gigantesco planeta que podía
albergar vida humana (lo bautizaron con el nombre de Gaia). Se tomó la decisión
de que los machos supervivientes, en grandes naves interestelares, fueran
lanzados al hiperespacio en dirección a ese lugar, con la prohibición expresa de
no volver nunca. Quedando así ellas, como únicas pobladoras del planeta Tierra.
Este conflicto dio comienzo, a raíz de las mutaciones
genéticas que sufrió la raza humana; debido a la contaminación atmosférica que
se había adueñado del planeta desde hacía siglos. Que dio como resultado la
desaparición de la heterosexualidad como conducta sexual. Y la homosexualidad
gay y lesbianismo desde entonces camparon por sus anchas en tan solo dos
generaciones. Que produjo que en poco tiempo el encono entre los dos sexos
creciera de tal manera que el enfrentamiento fue permanente, hasta que se llegó
al fin descrito.
Destino Gaia
Durante varios años luz los hombres viajaron con rumbo fijo
en busca del gigantesco planeta. Tiempo que aprovecharon, primero: para crear
una variopinta jerarquía dominante que tomara las riendas del destino de la
especie gay. Quienes pronto, basándose en la ley del más fuerte; cimentaron las
bases para la creación de una sociedad de viriles y aguerridos machos, en donde
la homosexualidad más brutal, el sadomasoquismo más extremo y la degradación
humana más ayecta, serían la única forma de vida permitida. Y segundo: con los
avances científicos de los que disponían, procedieron en laboratorios de
genética (bautizados "casas cuna" o casonas) a perpetuar la especie de forma
artificial. Claro está, solo de machos genéticamente perfectos.
Que permitió nada más de llegar a Gaia, el nacimiento de
cientos de pequeños reinos o repúblicas, con civilizaciones de todo tipo, en
recuerdo a todas las épocas y culturas que pisaron la Tierra desde la edad de
piedra hasta las de tecnologías más avanzadas; las cuales, desde el principio se
declararon vasallos del Emperador de Ciudad Imperio: el ser más poderoso del
planeta. Ya que aunque el modelo cultural escogido por esta gran ciudad era el
de finales del siglo XX. Bajo esa apariencia, era el estado tecnológicamente más
avanzado del planeta, sobre todo en tecnología armamentística.
Lugar en donde ocurrían a diario anónimos enfrentamientos y
luchas enconadas entre machos, como la de RECIO, agente de policía al servicio
del Emperador.
Año tres mil cincuenta y tres de la era del planeta Gaia
Recio Bestt
Una historia espeluznante sobre la tortura y dominación de un
magnífico macho. De un agente de policía de un semental muscular, forzado
permanente y furiosamente a luchar por su libertad.
CAPITULO 1
Ciudad Imperio, mes de mayo, día 12, 6’23 horas A.M.
Había pasado un año desde que TRALLAX adquirió los poderes
de la inmortalidad y regeneración de células dañadas; y al ser capaz de
transmitirlo, ya lo poseían más de la mitad de la población.
RECIO BESTT, desnudo se acabada de levantar de la cama
empalmado como siempre. Musculoso 1’90, era un macho poderoso y magnífico de 30
años, que no conocía tío que le pudiera ni en la calle ni en la cama. Por eso,
henchido de orgullo por saberse fuerte e indomable se exhibía siempre con un
caminar muy sexy y cadencioso que le hacía más felino, más exasperantemente
bello. Pero sobre todo apetecible para cualquier macho, y ese motivo sin él
saberlo iba a ser su perdición.
Porque RECIO, mitad indio de las praderas, mitad español,
poseía una genética irrepetible, musculado hasta la exageración, poseía unas
amplias espaldas cuajados de fuertes músculos cincelados igual que el acero. Que
escoltados por dos poderosos deltoides, sujetaban dos hercúleos brazos con
inmensos bíceps y tríceps, recorridos por venas de grosores impresionantes, que
indicaban la potencia de bombeo de sangre que poseía su poderoso corazón.
Inmensos pectorales, con unos carnosos rosetones, que cuando
alcanzaban la erección destacaban por sus 3x1’5 de agresivas dimensiones. Libres
de argolla indicaba su rol sado; que por si hubiera dudas, soltando un suspiro,
abusando de que tenía unos pulmones muy grandes debajo de aquellos inmensos
pechos. Mirando a la cama, se quedó prendado por la hermosa imagen de los tres
negratas de su propiedad, que cosido a correazos por él, hacía apenas unas pocas
horas, dormían plácidamente, recuperándose de una larga noche de tormentos. No
si antes de haberles forzado a darle satisfacción sexual, sino querían conocerlo
más a fondo y que vieran lo lejos que podía llegar su mala conciencia:
- ¡Para eso los tengo bien sujetos!.-_se felicitó por lo
cojonudamente que los tenía educados. Y así, marcando cada centímetro de su piel
músculos, sin ni siquiera bañarse, se puso delante del espejo. Él también se
sentía orgulloso porque por detrás de él, le habían apodado FIERROFORCEX, por lo
poderoso, musculoso y fuerte que estaba. Pero sobre todo por lo bestia y sádico
que era, porque él en una palabra era una mala persona.
Cuando sobándose sus sudados cojones, se quedó mirando con
orgullo su nervudo cipote que ya era legendario entre sus compañeros de oficio.
Pero sobre todo por los infractores del código de circulación y delincuentes con
el que se encontraba por las carreteras. Acariciándose los glúteos y muslos,
notó lo duros que los tenía, envidia y deseo carnal que levantaban a su paso. Y
feliz por lo güeno que estaba, entró en el aseo y sentándose en el retrete,
haciendo fuerzas:
- ¡Toma mierda!.- soltó un mojón impresionante, largo duro,
que le dejó bien agustito. Para después, con el culete bien limpio, poniéndose
de pié, cogió el pantalón corto de deporte y marcando paquete por delante,
metiéndosele hasta el fondo la costura del calzón por la raja de sus poderosas
nalgas. Agarrando antes una toalla, salió al exterior de su apartamento,
dirigiéndose al gimnasio de la comunidad de vecinos a machacarse bien los
músculos. Sabedor de que muchos de ellos solo iban a esa hora, realmente con la
intención solo de verlo a él en plena entrega en los ejercicios, muy sudado y
con los músculos reventones por el esfuerzo.

Porque RECIO, en todo lo que hacía se entregaba por completo,
en machacar sus músculos en el gym. Pero sobre todo en dominar, someter y
masacrar a musculados sementales gays para su propio placer:
- ¡Hola chicos, hola de nuevo!.- saludo a los presentes.
Quienes agarrándose los nabos, se los masajearon, imaginándose las brutalidades
que se podían hacer con aquel desarrollado físico.
Pero RECIO sin dar muestras de percatarse de ello, inició sus
ejercicios de calentamiento, consciente que su miembro viril había alcanzado su
exagerada erección, para placer de su ego y complacencia de todos los presentes,
también de tres tíos que veía por primera vez.
Pero no dándoles importancia a ese hecho, ¡seguro que serían
nuevos vecinos!. Acabando el precalentamiento se dirigió al banco inclinado y
metiéndole peso de cojones a la barra, echándose encima del aparato, comenzó a
bajar y subir la barra con potencia, como si los ciento diez kilos que puso para
calentarse no pesaran nada. Y así tenía que ser para un culturista tan avezado
como él. Porque poniéndose de pie, puso cuarenta kilos más y alzando la barra,
inicio otra serie con la misma facilidad que la anterior. Cuando soltándola,
justo cuando iba a ponerse de pie y meter otros cuarenta kilos más; alzando la
cabeza, observó al tipo de siempre que desde que vino a vivir allí, no le
quitaba los ojos de encima. Un nuevo vecino que apenas llevaba residiendo unos
quince días. Que, aproximándose esta vez (nunca antes lo hizo), con voz alegre,
pero amenazante le comentó:
- ¡Cogería ahora mismo y con una fusta te obligaría, a
realizar los ejercicios!. ¡Un macho como tú necesita eso!.- sobándose los
genitales con descaro mientras lo decía:
- ¡Tú no tienes cojones para hacerlo!.- pero se equivocó
porque aquel chico tenía pelotas para eso y para más, ¡bueno para intentarlo por
lo menos!. Porque pegándole aquel tipo una patada en todo el esternón, lo mandó
al suelo y pisándole el pecho, el cabrito le pateó los cojones. Notando RECIO
BESTT una brutal erección de nabo, cosa que nunca antes le sucedió por tales
motivos:
- ¡Veo que te gusta, verdad cabrón!.- le chuleó aquel tipo.
Tal fue su enojo que dándole un cate en todos los huevos, se lo quitó de encima.
Y cogiéndolo por el gaznate, se bajó el calzón y clavándole el nabo en la
bocota, le dijo:
- ¡Pues si perro, se me ha puesto dura!, ¿qué pasa?, ¿a que
esperas entonces para chupármela!.- y echándole una retadora miradas a los tres
tipos de antes, (no era tonto y sabía que venían juntos), al asegurarse de que
estos acobardados se quedaron quietos. Aquel desgraciado chaval se vio obligado
a sujetarla con ambas manos de lo grande que era. Comenzando una rica felación,
porque la verdad es que el nabo se lo merecía. Era un miembro viril
escandalosamente grande, duro, ultravenoso sus 35x10, eran pura fascinación. Por
ello bajando el prepucio, comenzó a pelarle el nabo. Viéndose bucalmente
penetrado de cabo a rabo por semejante salchichón. Moviendo aquel poderoso
culturista las nalgas de adelante atrás y con la verga punta en ristre, comenzó
con bestialidad a metérsela entera, consciente de que lo estaba ahogando. Pero
RECIO era así de cabrón y deseaba a pollazos mandarlo al otro barrio. Porque no
permitía que nadie se atreviera a enfrentarse a él y ese hijo de puta tuvo tal
atrevimiento, y tenía que pagarlo, y su miembro viril se estaba encargando de
ello:
- ¿Porque no eres ahora tan chulo mariquita?.- le preguntó al
excepcional mamón, que aunque veía su vida en peligro era incapaz de sustraerse
a la atracción que aquella verga le producía. Y con escandalosos chupetones,
comía de aquel asesino cipote, porque realmente lo estaba matando a pollazos:
- ¡Para, para RECIO que lo matas!.- le avisó uno de los
vecinos testigos del acontecimiento:
- ¿Qué se joda el hijo puta!.- gritó soberbio RECIO, que ni
por esas bajó la intensidad de las penetraciones. Todo lo contrario las
acrecentó y a vergazo limpio, le rompió los labios al chico. Que gimiendo como
una auténtica zorra, se veía forzado a mamar aquel cipote tan salvaje a la
fuerza:
- ¡Chicos que lo mata!.- y entre tres vecinos sujetaron al
musculoso agente de policía. Pero para dominarlo se necesitaban más brazos, por
lo que tres boys más le agarraron:
- ¡Soltadme, que me lo tengo que cargar!, ¡por chulo,
joder!.- gritó el campeón culturista. Hasta que soltándolo, solo porque le salió
de los cojones, gritó:
- ¿Bien que se vaya, no quiero verlo, que desaparezca de mi
vista!.- y subiéndose el ceñidote calzón, poniéndose la polla y cojones en su
sitio, volvió a lo suyo. Porque él allí solo fue a desarrollar sus músculos. Por
lo que después de observar como el individuo se largó con la cola entre las
piernas. Él continuó con los ejercicios, poniendo más peso que nunca, hoy se
sentía terriblemente fuerte.
--ooOoo—
RECIO finalizado los ejercicios, como si no hubiera ocurrido
nada, ya más calmado, cogiendo la toalla que trajo consigo, se dirigió a las
duchas con la intención de tonificar sus músculos con agua fría y bajar la
erección de su cipote, porque todavía le duraba el calentón. Estaba contento,
porque hoy había aumentado peso en todos los ejercicios y los había realizado
con comodidad. Confirmando que su fuerza iba a más y eso que gastó energías en
la mamada. Sonrió orgulloso:
- ¡Aquel tipejo seguro que ya ha aprendido la lección!.- se
jacto con soberbia. Y saliendo de la ducha fría, notando que no le bajo la
erección, cogió la toalla y procedió a secarse. Pero nada más hacerlo:
- ¿Eh, qué pasa?.- se sintió sujetado por el cuello y brazos
por tres fuertes tipos. Poniéndose delante de él un fuerte macho, con la cabeza
cubierta con una capucha de cuero negro, que por sus gestos le recordaba a
alguién. Que comenzó a puñetazos con sus masivos abdominales, masacrándoselos:
- ¿Qué os pasa cabrones, porque me hacéis esto?.- les
preguntó sintiendo como cruelmente le machacó con dos brutales pinzas las
carnosas tetillas:
- ¡Aggg!, ¡cómo duele!.- y tirando de ellas retorciéndosela,
le obligó:
- ¡Abre la boca!. ¡Sflúggg!.- lanzándole un espeso lapo en
todo el esófago. Hasta que endiñándole una patada en los huevos, lo dejó
inconsciente:
- ¡Echad del gym al personal!.- ordenó el encapuchado y
mientras estos obedecían, encadenó por las muñecas los brazos de RECIO y
poniéndole una correa de cuero que le cubrió la boca:

- ¡Así calladito que tú no tienes que decir nada, solo sufrir
y enterarte de tu futuro!.- empezó a meterle mano al fantástico físico del poli:
- ¡Joder, qué músculos tan desarrollados!.- comprobando in
situ lo grandioso de sus pectorales, la brutalidad de sus mamas. Que para
disfrutar de la potencia del cachas, pellizcándole con dureza los pezones,
masturbándole la polla a conciencia, se complació en observar la cantidad
ingente de semen que podía soltar aquel miembro:
- ¡Y el hijo de puta se acaba de correr en mi boca!.- comentó
el sádico tipo. Que resultaba ser ni más ni menos que el joven mamón que estuvo
RECIO a punto de ahogar a pollazos. Cuando apareciendo sus tres lacayos, uno de
ellos le participó:
- ¡Señor, no ha hecho falta que les echemos!, ¡los gritos de
dolor del poli los ha espantado y han huido todos!.- y con esa noticia, el
encapuchado se puso de pie:
- ¡Despertadlo y dejadlo colgado con los brazos alzados en
uno de los aparatos del gym!.- y extrayendo los tres ayudantes sus buenas
pollas, se mearon encima del culturista agente de policía. Que semiconsciente
aún, contrayendo sus músculos sintió durante unos segundos más el impacto de los
chorros, siendo su primera lluvia dorada que recibida en su puta vida. Cuando no
repuesto del todo:
- ¡Hummm!.- siendo a pulso alzado por los pezones, le
pusieron de pie y a cates en el costillar y riñones, inmovilizado como estaba no
pudo resistirse. Siendo llevado a un aparato en donde encadenado a la barra que
unía por arriba dos de sus patas. Quedando indefenso, aquel tipo encapuchado,
empezó a puñetazos otra vez a machacarle los abdominales con dureza, sin
compasión, preguntándose RECIO porque tanta violencia con él:
- ¿Pensarás porque, verdad?.- le dijo el sádico tipo,
imaginándose lo que le estaba pasando por su mente:
- ¡Pues no te lo pienso decir, esa duda te corroerá durante
mucho tiempo!. ¡Porque para que lo sepas, tu agonía acaba de comenzar y será
eterna!.- y con ese anuncio reinició un nuevo concierto de cates en su vientre,
rostro, costillar y riñones, que no acabaron con él. Porque cuando se agotó, los
otros tres también participaron hasta que se cansaron. Siendo lo peor, que RECIO
nunca perdió el conocimiento y absorbió los golpes totalmente despejado,
haciéndose ese par de horas insoportable, con su pecho y espalda rojos como la
salsa de tomate. Hasta que parando aquellos hijos de puta, mostrándole el que
mandaba su cinturón reglamentario del Cuerpo de Policía. Justo con el mismo con
que él había azotado a decenas de cacos por las carreteras de Krom:
- ¡Ahora vas a probar de tu misma medicina!.- el sádico
torturador a diferencia de él, empezó a azotarle sin piedad con la gruesa
hebilla. No dando crédito a lo que podía resistir porque el castigo era
superior, y totalmente consciente su poderoso físico culturista lo iba
absorbiendo, no quedándole más remedio que admirar como su poderoso cuerpo era
marcado por el duro cuero pero sobre todo por el áspero metal. Sufriendo sus
carnes pero sobre todo su mente un castigo impensable para él. Porque él era un
cachas para dominar y castigar y no un esclavo para ser sometido y atormentado
sobre todo hasta ese grado tal extremo de sadismo:
- ¡Tío para por favor, que me estás partiendo el pecho!.- le
rogó logrando zafarse del cuero que cubría sus labios. Era la primera vez en su
vida que lo hizo, porque los ruegos no iban con él. Pero aquel tiparraco ni caso
y quitándole el cuero del cuello para oírlo gritar, no dejó de flagelarle con
todas sus fuerzas. Pero lo que era imperdonable era la erección de su polla; era
muy humillante para él, tanto que aquel boy, le ordenó:
- ¡Córrete, córrete puta!.- y escupiéndole en el rostro, él
sumiso por primera vez en su vida, con la lengua se lo tragó:
- ¡Vete a tomar por culo, cabrón!.- le dijo no obstante. Pero
el sometedor encapuchado no estaba dispuesto a tolerarle tal insubordinación y
con más correazos en sus masivos pectorales, destrozándole sus tremebundas
tetas:
- ¡Sí, si, me corrooo, amo!.- consiguió que gimiendo
derrotado (lo de amo le salió del alma). Que el masivo culturista eyaculara de
forma descontrolada, manando semen con una generosidad nunca vista por su
torturador:
- ¡Lo ves esclavo, este es tu destino!.- y endiñándole un
patadón en los genitales, el encapuchado logró por fin que RECIO perdiera de
nuevo el sentido:
- ¡Chicos traed el inyectable*!, ¿no queremos que se nos vaya
las manos y muera, verdad?. ¡Deseo que su agonía sea eterna!.- y con esa
intención, agarrándole un pezón a RECIO, le clavó la jeringuilla e inoculándole
una dosis, procedió de igual manera con la otra tetilla.
- ¡Ahora eres inmortal como yo!.- le dijo como si le
estuviera escuchando:
- ¡Pero no te alegres, porque sufrirás para toda la
eternidad!.- y con esas palabras, a una indicación suya los tres ayudantes,
soltaron al poli de la barra y dejándolo caer al suelo. Salieron del gym a un
lugar desconocido pero cercano siempre de las andanzas de RECIO. Porque el poli
se había convertido en pieza de caza para ellos.
--ooOoo—
El viril policía, con paso lento, arrastrando los pies, muy
empalmado, iba en dirección a su vivienda. Mientras dolorido se acariciaba los
pectorales, nalgas y dura polla de lo que le dolían:
- ¿Krom, porque?, ¡si a mí no me va el rollo masoca!.- se
preguntó por el motivo de sus potente endurecimiento de verga. Mientras de dolor
pasó a acariciarse el estómago; preguntándose quienes habrían sido y porque.
Pero lo que más miedo le daba era la promesa de aquel tipo que le juró que su
vida iba a ser un auténtico suplicio.
Porque para suerte suya, lo he oído todo y ya estaría en
permanente prevención por si eso ocurría. No dándole no obstante importancia a
lo del elixir. Porque aunque había oído hablar de la existencia de ese milagroso
líquido, sobre todo en la Dimensión Oscura; él no daba crédito a su existencia:
- ¡Bueno joder, también ha comenzado a haber mucha gente que
dice poseerla!, ¿igual es verdad?.- deseando que así fuera porque estaba claro
que era beneficioso poseer esos dones.
Pero de lo que si estaba seguro, es que alguno de sus
esclavos negros estaría implicado. Por lo que nada más entrar en su domicilio,
después de comprobar que seguían aparentemente dormidos. Se dirigió a su
dormitorio, y nada más ponerse el pantalón reglamentario de color azul con una
línea roja que recorría toda su fornida pernera y las botas altas de cuero negro
limpio y brillante como los chorros de oro. Limpiados la tarde anterior por uno
de sus esclavos. Con la misma correa conque fue recientemente azotado en una
mano. Con esa fantástica imagen que inducía a la violación:
- ¡Os vais a enterar!.- cogiendo con la otra el látigo de
lengua de cuero más cortante que tenía. Entró en la habitación y restallando el
fino cuero en el aire. Despertando a los tres negrazos, preguntó:
- ¡Quién de vosotros me ha vendido!.- y con la misma correa
con la que fue azotado. Ayudado por el lacerante látigo se lió con ellos, hasta
que apartándose dos del más hermoso y musculoso, lo delataron:
- ¡Ha sido WEMBU, amo!:
- ¡Lo siento amo, pero es que me dijeron que eran amigos
tuyos y querían darte una sorpresa!.- y sacando pecho y bajando el dulce rostro,
supo que lo iba a lacerar. Y la punta del látigo calló inmisericorde sobre
aquellos turgentes músculos. Sin piedad porque a RECIO le gustaba torturar y al
negro en cambio no padecer tanto en sus manos. Porque el hercúleo policía
arreaba de cojones, no se reprimía nunca y siempre daba con todas sus fuerzas y
eso estaba destrozando al negrata que aunque excepcionalmente musculoso y fuerte
era incapaz de resistir tanto.

Recibiendo de vez en cuando su pecho una ración de correazos
alternada, con otra de latigazos, arrancándole trozos de piel y también gotitas
de sangre. ¡Joder, cuanto estaba gozando con fustigarle!. Por eso RECIO continuó
con el placer de arrancarle gritos de agonía a la garganta de aquel culturista
de ébano:
- ¡Quítate las braguitas y muéstrame la polla!.:
- ¡Sí, sí amo!.- y bajándose tan escueta prendita le enseñó
su bien desarrollado cipote, siendo brutalmente latigueado por su verdugo
cabrón. Mientras WEMBU se retorcía de dolor, rogándole compasión. Pero RECIO
lanzando los latigazos con más fuerza, le indicó que no hallaría el ansiado
perdón. Hasta que endiñándole la última andanada de azotes dejándole las tetas
en carne viva; bajando los brazos, le participó:
- ¡Tu estancia aquí se ha acabado y dale suerte que no te
mato!.- y sin dejarle siquiera que se vistiera, lo sujeto por una oreja y
sacándolo al pasillo, le espetó:
- ¡Fuera, no quiero verte más!.- logrando que WEMBU con ojos
lagrimosos de rabia contenida; girándose, le escupiera amenazante:
- ¡Esto me lo pagarás!. ¡Haré de tu vida un calvario!.- y
saliendo a la carrera dejó a RECIO con la boca abierta de la sorpresa, pero con
un empalme de verga que no tenía parangón:
- ¡Joder, es el segundo que me hace la misma amenaza en una
par de horas!.- y girándose, cerrando la puerta, se dirigió para acabar de
vestirse:
- ¡Ponedme el almuerzo maricones, que me tengo que ir!.-
porque hoy tenía turno de tarde y le tocaba la solitaria autopista del desierto.
CONTINUARA……….
*Nota: Elixir de la eterna juventud. Bebedizo que además de
poseer el don de regenerar daños sufridos en el cuerpo, logra que el portador
adquiera los dones de la inmortalidad y eterna juventud.