Afuera
Entonces resultó que el marido la había dejado fuera y sin la
única llave con la que podría acceder al interior de su casa. Habían peleado y
él no se reportaba desde la mañana. Ella suponía que él no regresaría hasta el
día siguiente pero igual necesitaba ropa para salir temprano en la mañana.
Lloraba de ira y estaba triste por la situación, entonces me
pidió que la acompañase en taxi hasta su casa para ver si podíamos abrir la
puerta de algún modo y ella estaba dispuesta a dañar la cerradura, yo le comenté
que tal vez podía abrirla con unos alambres y de hecho ya lo había logrado en
casa de mis padres, sí, cuando me dejaban fuera.
Mi esposa me advirtió que si no podíamos abrir la puerta de
alguna manera, nos regresáramos lo antes posible. OK, pensaba regresarme en
cuanto le abra la puerta pero cuando llegamos ya era la una de la madrugada.
Ella seguía llorando, intentaba llamar a su esposo y le enviaba mensajes al
móvil, pero nunca obtuvo respuesta. Mientras intentaba abrir la puerta de la
jardinera le hacía conversa para que se tranquilice un poco y algo me contó del
problema que habían generado, fue por una simpleza; ella no podía caminar tan
rápido como él y como no la esperaba le dejó las compras tiradas en media calle,
agarró un taxi y se fue para donde su mamá, entonces él agarró las fundas y
llegó a la casa de la suegrita más tarde. Terminaba de contar la tragedia cuando
logré abrir la primera puerta, faltaba la de la entrada principal, ella se
alegró cuando la abrí, parte de sus problemas se resolvían.
Tardé más en abrir la segunda puerta pero cuando ya estaba
hecho me despedí y le dije que me regresaba, entonces me detuvo y me dijo que
sólo si estaba loco me iba a arriesgar a caminar cerca de 4 cuadras para agarrar
otro taxi, en realidad, mientras entramos y llamamos a casa para reportar que ya
habíamos logrado abrir las puertas se hicieron las 2 de la mañana. Ella llamó
nuevamente y le dijo a su hermana, mi esposa, que yo me quedaría durmiendo en la
sala como otras veces para no arriesgar el culo por ahí, tarde en la madrugada,
yo no me negué, y ahí estaba, mi cuñadita rica y yo, solos otra vez.
Prendió la tele y me dijo que se iba a bañar, mientras yo
podía ver cualquier programa que quisiese. Le dije que no había problema. En
realidad, como ya saben, antes de ser cuñaditos fuimos grandes amigos, ella ya
me había dicho en varias ocasiones que confiaba mucho en mí, y mi esposa me lo
había confirmado. Entonces entró al baño sólo en toalla.
El ruido de la tele ayudaba, no se escucharon mis pasos que
siguieron los de ella cuando entró al baño. Tras cerrar la puerta atisbé
inmediatamente por el huequito que ya había hecho hace tiempo. No me perdí el
momento en el que se sacó la toalla, de espalda a la puerta, y me dejó ver ese
culito rico y blanquito que hace que me ponga a mil.
Se puso frente a la puerta y luego se sentó en el inodoro
para hacer pis; y así, abiertita de piernas se le veía esa chepita velludita,
los labios menores oscuritos, la vulva gordita y esos muslos blanquitos que
hacen dar ganas de culiarsela cada vez que den ganas. Se secó el potito, se
levantó y caminó a la regadera, entonces busqué el otro ángulo: las claraboyas
del baño.
Verla bañarse siempre es una experiencia diferente; no sabes
qué será lo próximo que hará. Pero entonces se lavó el cabello, se restregaba
esas tetitas deliciosas, blancas y rosadas con aureola café oscuro, su
ombliguito, abría las piernas un poco y se lavaba la vagina; era increíble verla
meterse un poco los deditos, sólo podía imaginar que aprovechaba el momento, me
sentaba en el suelo y entre sus piernas meter la cabeza entre sus piernas y
llega con mi lengüita hasta esa ricurita de poto lavadito, seguro que se la
chupaba hasta hacerla explotar.
Cuando terminó de ducharse, se secó un poco, se lavó los
dientes –Eso significaba que se iría a dormir y ya no entraría al baño otra vez.
Antes de que salga me fui a la sala y me hice el tonto, veía algo de tele que no
se qué mierda era, y ni importaba. Me preguntó si quería una toalla por si acaso
quería bañarme. Le dije que sí, aunque ya me había bañado, le salí con que el
trajín me acaloró por completo. Antes de cerrar la puerta del cuartote dejó una
toalla en el mueble de la sala.
Cerró la puerta de su dormitorio y corrí para poder llegar a
un huequito cerca de la chapa – y que conste que ese no lo hice yo, y era
grande- me asomé y ya se quitaba la toalla frente al espejo de la cómoda,
tendría vista trasera y frontal al mismo tiempo, como otras veces. Sus tetas se
veían preciosas y los pezones por el frío se habían recogido haciéndolos ver más
pequeños. Se puso desodorante en las axilas recién rasuradas. Otra vez sus
nalgas se veían majestuosas, nada caídas, nada flácidas, llenitas y hasta un
poco levantaditas que curiosamente sólo desnuda se le notan así. Se agachó para
abrir uno de los cajones y tuve la vista mas erótica de su colita, ahí estaba su
culito sin vellos y más abajo los labios mayores velluditos, pero no tanto,
realmente ella siempre se los está podando como ya se los he contado, pero en
ese momento sentía el deseo lujurioso de arrodillarme tras ella, acercarme a su
culito y lamérselo, de verdad sería ideal, recién bañadita ni te acuerdas que el
marido cuando se la culea por detrás le llena ese culito de leche.
Tomó un sostén y después de arrancarse unos vellitos de los
pezones se lo puso para luego seguir por un short –sí, sin calzón- se puso una
blusa rosa de algodón, ideal para dormir y se dispuso a salir. Otra vez estaba
yo sentado tranquilo en el piso de la sala. Me dijo que saque el colchón que
siempre le dan a las visitas para que me acomode como siempre, recuerden que
aunque hay sólo dos habitaciones, la una es el dormitorio matrimonial y el otro
es más bien pequeño usado como bodega. Saqué el colchón y las sábanas, tomé la
toalla marche hacia el baño, me decía ella que aún estaba preocupada porque su
marido no se reportaba y que aunque estaba muy cansada iba a intentar unas veces
más antes de que el sueño la venza, le sugerí sentarse en el mueble mas grande
para que vea la tele, me hizo caso y yo cerré la puerta del baño.
Me masturbé lo mejor que pude, recordando cada detalle de lo
que había visto hasta entonces, recordaba todas esas veces que la he visto
desnuda y tirando de varias formas con el esposo, imaginando que era yo el de
esa verga oscura y gorda, curva hacia arriba, el glande colorado y las bolsas
sin pelos, rojizas como tostadas por el sol y que mi cuñadita le encanta
empuñar, coger el pene y pajear, lamer, chupar y metérsela por detrás, en el
culito rosadito que tiene y por el poto desde atrás en forma de perrito, su pose
favorita. Recordaba mientras eyaculaba que parecida a esa leche era la que se le
salía por esa chepita o ese culito cuando él terminaba, y siendo honestos ella
siempre se quedaba con ganas de más, lo sabía porque a parte de verlos los
escuchaba.
Cuando salí la vi acostada en el mueble grande, me acerqué
más y noté que se había quedado dormida, como aún estaba en toalla me acaricié
el miembro frente a ella, tenía ganas de tirármele encima y meterle la verga
bien ensalivadita para que le ruede a la primera y cuando despierte ya la tenga
toda adentro. Caminé hasta los pies de ella y noté que el short dejaba ver unos
vellos y los vellos unos labios menores oscuros, recordé dos cosas a mi favor;
la primera era el ya conocido sueño pesado de mi cuñadita y la segunda, el
cansancio del que se quejó toda la noche ya la había noqueado.
Sin pensarlo más me acerqué a la abertura que dejaba el short
por la pierna izquierda y olí ese delicioso perfume que despide ese jabón fenme,
preciso para las partes íntimas, olor a flores o algo así, todavía se sentía la
frescura que provoca la humedad en el cuerpo por las madrugadas. Muy lentamente
le abrí un poquito más la bastita y tuve esos labios menores oscuritos a mi
disposición, sólo atiné a rozarlos suavemente con un dedo. Como ya lo había
comentado, mi esposa tiene un labio menor chico y el otro grande, pero mi
cuñadita tiene los dos grandes y son el doble de grandes que los de mi esposita,
al punto que cuando tiene cerrada o entreabiertas las piernas, igual se le ven
sobresalidos. Y como ya los tenía a mi vista, me levanté la toalla y me manipulé
el pene durante varios minutos.
Fue entonces cuando recordé la camarita digital de mi
concuñado, tenía que irrumpir en el dormitorio, abrir un cajón y sacarla, ahí
cerca las mismas pilas recargables, esperar que tenga carga y por ahora tomarle
una foto a ese sapito, pero sin flash. Eso hice, y tomé la foto. Escondí la
camarita en la computadora de la sala y seguir haciéndome el tonto hasta que
despierte, por su cuenta o por culpa mía. Tenía ganas de darle una pequeña
lamidita a esos labios oscuritos pero me asustaba el hecho de que se despierte
al contacto con mi lengua húmeda.
Empezaba a hacer mucho calor, de esos que se desatan en
invierno y uno no se aguanta, recordé que ella dormía desnuda en tiempos de
calor, y era el tiempo, podría seguir ancheteándola el resto de la madrugada y
como siempre conseguir algunas fotos como recuerdo morboso de un deseo
constante: volvérmela a culiar. Mientras trataba de que mi erección cediese un
poco para llamarla y que se acueste en la cama, contemplaba sus deditos, que
también me gustan; los de las manos son iguales a los de mi esposa pero los de
los pies no, igualmente son blanquito y las yemas rozaditas. Olía sus pies y los
contemplaba; ya tenía en mi PC muchas fotos de esas delicias: sus piecitos.
Algo sucedió en la tele, hubo un ruido fuerte, yo me
incorporé y fui a bajarle el volumen. Acto seguido mi cuñadita rica se despertó,
respiró profundo y después de tomar su celular se levantó para dirigirse al
cuarto, la miré, ella me vio directo a los ojos y luego bajó la mirada hasta mi
trasero, terminé de girar y quedé casi frente a ella, me volvió a mirar la cara
y se despidió como siempre, esta vez sólo con un "chao", me volvió a ver abajo y
siguió hasta entrar en el dormitorio, cuando lo hizo bajé la mirada a mi
entrepierna; el bultito de mi pene semi erecto era evidente bajo la toalla. Y
yo, sólo podía ver cómo se movía ese culito mientras entraba en su cuarto.
Cerró como siempre; sin seguro. Apenas la hubo cerrado corrí
silencioso hasta ahí, volví a asomarme por el hueco de la chapa y la vi
sacándose la blusa, luego el short y después de sacudir la cama se acostó boca
abajo. Sí, cuando está sola en el dormitorio duerme con la luz prendida, eso es
de conocimiento general. Pero yo sólo pensé en ese momento en disfrutar ver ese
rico culito blanquito totalmente expuesto para mí.
Está de más contar lo que sucedió. Esperé a que se durmiera y
como era de esperarse abrí la puerta, ya no sonaban las bisagras, otras veces ya
le había puesto aceite desde hace tiempo y estaba ideal. Con cámara fotográfica
en mano le saqué unas fotos que están para morirse.
Recuerdo que cuando ya estaba en la sala dizque durmiendo,
toda la madrugada me la pasé esperando que cambie de posiciones para poder
sacarle más fotografías. La mejor de todas es aquella en la que estaba en
posición fetal y me dejaba ver todo su cheponcito desde atrás, sus nalguitas
como para comérselas a mordiscos y su anito rosadito con esa tenue aureola más
oscurita que dibuja mejor su huequito. Recuerdo que eso de las 5 de la mañana no
aguanté más y me pegué una buena pajeada que después de haberla ancheteado
tanto, y hasta entrar a su dormitorio para tomar fotos de todos los ángulos, me
quedé dormido como angelito.
Desperté a tiempo para ver su despertar: boca arriba con las
piernas semi abiertas, los brazos extendidos hacia arriba y por encima de su
cabeza, el poto velludito y sus labios menores expuestos y las tetas al aire que
así como tenía los brazos le asentaban grandemente. Abrió los ojos y veía hacia
las cortinas crema iluminadas por la luz del día, justo sonaría la alarma de su
celular a las 7 anunciándole que tenía que levantarse. Se sobó la vulva y luego
se rascó suavemente los senos, se puso en pie y salió del dormitorio directo al
baño envuelta en la misma toalla con la que entró.
Cuando salió me tiré boca abajo rápidamente en mi colchón y
me hice el dormido, sólo tenía una pantaloneta que me había puesto en la
madrugada, está de más decir que en cuanto la sentí que entró en el baño corrí
hasta ahí para espiar, para mí, las ganas de verla cada vez que puedo es como la
primera vez.
Cuando salió del baño y volvió a su dormitorio la vi cómo se
vestía; acomodándose sus tetitas en el sostén, metiéndose los pelitos del poto
dentro de la tanga para que no le molesten al caminar, su talquito por aquí, su
perfumito por acá, el desodorante más allá y ya estaba lista para irse al
trabajo. Cuando salió me vio dizque despertándome recién, me dijo: Hola…
desayuna si quieres, ahí hay algunas cosas. También me agradeció y que por eso
le caía bien, porque era buen pana – pero claro, no sabía mis intensiones
oscuras- que me dejaba las llaves y que se las deje después en casa de su mamá,
como sabía que tenía que ir donde mi esposa, que las deje ahí era lo ideal, se
despidió de mí, abrió la puerta y se fue. Vi por el balcón que se alejaba
rápidamente y me lancé a la computadora a descargar las fotos, y tenían que
haberlas visto para darme la razón: tiene el maldito culo más delicioso que han
visto mis ojos. Volví a la cama satisfecho nuevamente.
Tomé las llaves y las metí en el bolsillo del pantalón y
sonreí. Pero claro, yo no necesitaba llaves porque como sabrán, yo tengo mis
propias copias…