Inu Yasha IV
Se siente, esta vez no me
apetece resumir así que...
La esterilla que colgaba
cubriendo el umbral de la puerta de la cabaña de Kaede se hizo a un lado casi
con violencia, y Kagome entró. Su expresión, mezcla de sorpresa, espanto y
vergüenza, desconcertó tanto a Shipo que (a pesar de tener la boca llena de
arroz) no pudo evitar decir:
-¿Qué te ha pasado, Kagome?
Kagome movió con dificultad la
cabeza, como si el cuello se le hubiera quedado rígido de repente, para mirar a
Shipo. Después se sentó en una esquina.
-¡hay madre!-dijo la muchacha.
-¿qué?¿pero qué pasa?-Preguntó,
ansiosamente, el demonio zorro.
la chica negó con la cabeza.
-¡ah, ya lo sé!-Afirmó Shipo muy
convencido.-Te has encontrado con Inuyasha, ¿verdad?
Kagome levantó la cabeza
bruscamente para mirar a Shipo pasmosamente.
-Lo sabía.-dijo Shipo.-La única
persona capaz de hacerte enfadar tanto es Inuyasha, y como está de mal humor...
SEGURO QUE LO HA PAGADO
CONTIGO.-afirmó, levantándose y señalando a Kagome, mientras la esquina en la
que se había sentado la muchacha parecía mucho más oscura de repente.
-Ni por asomo, Shipo-Dijo Kagome
al tiempo que la esquina recuperaba la luz y Shipo se tropezaba y caía al suelo
ridículamente.
La esterilla fue apartada una
vez más. En esta ocasión, quien entraba era Inuyasha, tan radiante que por un
momento no notó que Kagome intentaba escabullirse por la ventana.
Shipo parpadeó un par de veces
antes de ir en ayuda de Kagome, que se había quedado atrapada.
-No entiendo nada.-Afirmó Shipo.
Inuyasha reparó en la situación
y sacó sin esfuerzo alguno, utilizando un solo brazo, a Kagome.
-¿Estás bien, Kagome?-Preguntó
el semidemonio con naturalidad.
La muchacha murmuró algo
parecido a "tragarm la tierr...", asintió escondiendo lo que antes había sido su
precioso rostro (ahora se había convertido en tomate) entre el largo cabello
negro, y se fue al saco de dormir como las balas. Inuyasha iba a sentarse a su
lado como de costumbre, pero antes...
-Inuyasha, -Dijo la anciana
Kaede con su rasgada voz- Tengo que contarte algo. Ven, siéntate junto al fuego
y bebe esto-Le entregó un vaso de té- Te sentirás mejor.
Kaede le contó lo que
sospechaban ella y Kagome, y sus planes. Como no podía ser de otro modo,
Inuyasha decidió acompañarlas.
-Pareces cansado-Comentó
Kaede.-Quizá sería mejor que durmieras un poco antes de emprender el viaje.
-Si.-Accedió el semidemonio.
Se retiró al rincón que ocupaba
Kagome, se sentó a su lado y, con la espalda apoyada en la pared, cerró los ojos
y su respiración se hizo más regular y profunda.
Kaede, previsora, salió con
Shipo a por hiervas medicinales. Kagome se movió, soñolienta, buscando una mejor
posición, y a ser posible una almohada blanda. Y encontró un buen sustituto de
una en la pierna de Inuyasha. Respiró hondo varias veces y se sumió en un
profundo sueño.
Inuyasha miró sorprendido a
Kagome mientras ella se acomodaba en su pierna. Inconscientemente su garra se
deslizó por el largo y sedoso cabello de la joven, apartando con suavidad los
mechones de su rostro. Solo dejó que las patillas cayeran sobre sus hombros,
enmarcando el cálido rostro de Kagome.
-Inuyasha...-murmuró Kagome, aún
soñando.
Inuyasha frunció ligeramente el
ceño, temiendo que Kagome pronunciara aquella terrible palabra que hacía que el
castigo de los dioses cayera sobre él... medio guiñó un ojo, y se preparó para
el golpe, pero en vez de decir "SIÉNTATE", Kagome dijo:
-Kikyo...
Algo oprimió el pecho de
Inuyasha. Le costaba respirar. Kagome estaba soñando con Kikyo y con él...
¿Estaría rememorando aquel
primer día en que ella y Kikyo se conocieron, cuando Inuyasha y Kikyo se
besaron?
Una repentina humedad en la
pierna sacó a Inuyasha de sus cavilaciones. Kagome estaba llorando. Murmuraba
algo ininteligible, parecido a "e.. el... gid... i...". Inuyasha acarició la
cabeza de la joven, intentando calmarla.
-"te eligió a ti"-murmuró
Kagome, más tranquila.
La opresión en el pecho de
Inuyasha se acentuó. Era cierto que, hacía ya tiempo, había elegido proteger a
Kikyo de Naraku, pero seguía queriendo que Kagome estuviera a su lado. No quería
dejarla, aunque sabía que eso no era justo para ella. Y ahora Kikyo ya no
estaba...
-No... no le dejes
así...-murmuró Kagome. Oprimió la pierna de Inuyasha con el rostro, sollozando.-
t.. necesita... te ama... te eligió.-Los sollozos se acentuaron, haciendo que
sus murmullos se hicieran ininteligibles. Inuyasha, sin despertarla, se echó a
junto a ella y la abrazó, oprimiendo el rostro de Kagome contra su pecho.
Poco a poco los sollozos se
hicieron más apacibles, hasta que su respiración se tornó profunda, muestra de
la tranquilidad del sueño de Kagome. Sin embargo, Inuyasha no la soltó. La
suavidad del aroma de la muchacha lo relajaba y, a la vez, lo hacía sentirse más
fuerte que nunca. Abrió la camisa y rodeó con ella a Kagome para que no pasara
frío. La muchacha se acomodó contra su pecho, entre sus brazos. La respiración
de la joven fluía en una excitante caricia por el pecho de Inuyasha.
El semidemonio adelantó una
pierna, entrecruzándola con las de Kagome. Uno de los pechos de la muchacha se
deslizó fuera del sujetador, e Inuyasha sintió que el pezón estaba rígido.
-Kagome, no deberías sufrir.
-Susurró al oído. "es culpa mía" pensó Inuyasha "Kagome sufre por mí". "Lo justo
sería que yo hiciera que dejara de sufrir, pero ¿cómo?" Al instante, se le
ocurrió una idea.
Kagome soñaba. Gruñó un momento
cuando el apoyo que le ofrecía Inuyasha desapareció, pero en seguida halló una
postura cómoda echada sobre la espalda. Un agradable estremecimiento la
recorrió. En esos momentos tenía un mar de saliva que resbalaba en sus piernas.
Inuyasha lamía a Kagome. Primero
los muslos, deslizándose poco a poco hacia el interior de estos, se iba
acercando sensualmente hacia el monte de Venus. Entreabrió un ojo para ver a
Kagome. En esos momentos la chica curvaba la espalda y sus senos hacían cumbre
del esplendor de su cuerpo. Con una traviesa sonrisa, Inuyasha levantó la camisa
de Kagome. Uno de los pechos de Kagome apareció rebasando el sujetador,
alegrándole la vista al semidemonio, que contempló el rosado pezón erguido que
se sostenía sobre esa aureola también rosada, la distinguida proporción del
pecho... Ese pecho pedía ser acariciado.
Inuyasha rozó con una uña el
vientre de Kagome, quien se estremeció, y dibujó formas ascendentes, hasta
llegar al pecho. Palpó apenas con sus garras, casi con miedo de que Kagome
despertara. Tras unos segundos adquirió confianza y sus manos se movieron con
más seguridad y firmeza. Oprimió el pecho, casi deseando que saliera leche para
tener una excusa para mamar, pero como no salía, comprimió el pezón. Seguía sin
salir. Al parecer algo debía de obstruirlo, de modo que requería una limpieza a
fondo, de modo que Inuyasha se deslizó por el vientre de Kagome hasta el pecho y
comenzó a succionar el pezón.
La piel de los dos estaba en
caluroso contacto. El frío de la noche medieval había quedado reducido a
cenizas, como el fuego que ya no ardía al lado. La luz de las brasas se disolvía
con la piel, dorándola en colores cálidos y derritiéndola en la oscuridad.
Inuyasha se deshizo de su ropa y
hundió la cabeza entre las piernas de Kagome. Lamió violentamente, con
vehemencia. Succionó, mordisqueó y volvió a lamer.
Kagome se sobresaltó, abrió los
ojos y se incorporó.
-¡INUYASHA!-GRITÓ.
Intentó apartarse, pero Inuyasha
le sujetaba con fiereza las piernas. El semidemonio redobló la intensidad de los
lametazos.
Kagome gritó de puro placer.
(Con eso, todo el mundo a 4 kilómetros a la redonda supo qué estaba pasando en
casa de Kaede)
Inuyasha saboreó los fluidos que
Kagome espectoraba en ese momento, apartó un poco la cabeza, se pasó la mano por
la boca, respiró profundamente un par de veces y se incorporó, sentándose de
rodillas rodeado por las piernas de Kagome. Contempló a la joven. El rostro de
éxtasis bañado en una capa de sudor que relucía en tonos rojizos, enmarcado por
el suave y largo cabello negro, los ojos cerrados, las mejillas rojizas, los
puños apretados, los brazos y piernas en tensión, la estrecha cintura en arco
con los pechos en la cumbre resbalando fuera del sujetador, y la boca suavemente
abierta.
Ya era hora de desvestirla del
todo. Inuyasha se deshizo del uniforme de Kagome.
El semidemonio se inclinó, besó
los pechos de la joven mientras sostenía su cadera y alojaba su pene en el
cuerpo de la muchacha. Le costó, puesto que Kagome era bastante estrecha, pero
el flujo ayudó mucho. Kagome pareció despertar del sopor en el que se había
sumido y protestó, tratando de apartar a Inuyasha y cerrar las piernas. El
semidemonio no la dejó escapar y bombeó suavemente. El efecto fue instantáneo.
Kagome se retorció, víctima del placer de nuevo, mientras se mordía los labios
para no gritar. Estos adquirieron un sensual color rojizo que excitó si cabe aún
más a Inuyasha. Aumentó levemente el ritmo. La vajina de Kagome se hizo más
estrecha. Inuyasha se creía incapaz de sentir placer mayor. Se inclinó sobre
Kagome, haciendo que las penetraciones fueran más profundas, y besuqueó, lamió,
mordió, arañó los pechos de la joven. Kagome le rodeó con las piernas y le
atrajo hacia sí. Hundió las manos en el cabello de Inuyasha y acarició su
cuello, los hombros, el rostro. Inuyasha comenzó a bombear rápido. Kagome se
abandonó al placer. La excitación la recorría, causando estremecimientos que la
hacían vibrar.
-SI..-comenzó a decir Kagome-
SI... SI...
Inuyasha dejó de prestar
atención a los pechos de Kagome y la miró directamente a los ojos.
-¡SIÉNTATE!
Ambos se precipitaron, haciendo
un agujero en el suelo por la fuerza de la caída, mientras el miembro de
Inuyasha entraba con fuerza divina en Kagome, quien fue sacudida por el más
violento placer.
Quisiera pedir perdón por el
retraso con este relato. Espero que la espera haya valido la pena. Cualquier
sugerencia, comentario o crítica será bien recibido, al fin y al cabo, ¡aún
estoy aprendiendo!