(continuación del capÃtulo anterior)
-Perpetua: ey Rosi, ¡cuanta gente eh!
-Rosanna: ya ves, el barullo me ha tenido en el mismo sitio como 5 minutos.
¿Habéis comprado algo?
-Perpetua: yo no, Paciana sà se ha comprado un pañuelo, y Fabiola un pareo.
¿Buscas algo?
-Rosanna: no, que va. Miro por mirar pero de momento no me ha gustado nada.
-Fabiola: ey hola Rosi, ya he llamado a Fidel y hemos quedado ante el café como
siempre.
-Rosanna: ¿para ir a ver una peli?
-Fabiola: ostia pues, no hemos quedado en eso, pero seguramente iremos a su
casa. Aunque la verdad, yo de peli aún no he visto ninguna, je je.
La visita al mercadillo se alarga hasta las 13:00 sin más acontecimientos
"extraordinarios". Cuando llega la hora nos reunimos en la placita acordada y
cargadas como burras emprendemos el camino de regreso. Mis compañeras de clase
han comprado: que si ropa, souvenirs la mar de raros, uno de ellos consistente
en una especie de escultura hecha a base de conchas, baratijas electrónicas que
no creo que lleguen a durar hasta pasado mañana, algún amuleto realmente bonito,
e incluso mi compañera Engracia se ha comprado un trocito de chapapote
enfrascado en un cubo de metacrilato hermético.
Con alguna que otra dificultad llegamos al colegio y después de descargar nos
dirijimos al comedor a tomar nuestra última comida de mediodÃa. En esta, el
cocinero o cocineros se han lucido y por primera vez en el comedor del colegio
nos es servido un festÃn consistente en marisco. No es este del más caro y
lujoso como el que comimos en el restaurante Corleone uno de los primeros dÃas
de la excursión. Pero las gambitas y mejillones están para chuparse los dedos.
Perpetua hace la barbaridad de turno, se levanta y grita.
-Perpetua: ¡un hurra por nuestro cocinero!
Toda la clase se lo toma en broma y levantando los brazos gritan.
-HURRA-
-Fabiola: .. animala .. cómo se te ocurre decir eso ..
-Perpetua: qué más da, no nos van a pillar.
-Fabiola: sà sÃ, pero tú siéntate y no la lÃes.
Las gambitas se terminan a una velocidad asombrosa ante nuestra voracidad.
Perpetua engalana su plato con un enorme montón de cáscaras. Pero como todo lo
bueno, se termina. La cuadrilla vamos a la habitación donde nos ponemos guapas,
pues hay que aprovechar esta nuestra última tarde. A la que estamos listas
marchamos hacia el café.
-Fabiola: habéis visto esta mañana, el conjunto que se ha comprado Anastasia.
¡Fua! cuanto darÃa por robárselo esta tarde.

-Perpetua: por robar no se da nada, se roba y ya está.
-Fabiola: sà bueno, ya me entiendes. Cuanto me gustarÃa de una forma vil,
premeditada y sinverguenza, apropiarme indebidamente de ese corpiño. Aunque como
soy buena chica por la noche se lo devolverÃa.
-Perpetua: aún no sabemos ni si se van a atrever a sacarnos la ropa. Porque si
no nos sacan la ropa no vamos a ser nosotras que nos la saquemos.
-Paciana: es verdad, las tres juntas en una habitación quizá se cortan. ¿No se
te ocurre a ti nada, Rosanna?
-Rosanna: no sé, estas cosas hay que pensarlas sobre la marcha. Quizá en el
momento justo se me enciende la bombilla.
-Paciana: que asà sea.
Al aproximarnos al café vemos tres figuras ante él, una de ellas notablemente
alta y robusta. Tiberio ha venido.
-Perpetua: hola Tibe.. ¿qué tal? el otro dÃa estuve impaciente por ti. -Muac-
Nos saludamos y establecemos una pequeña charla en que nos informan que hoy
vamos a ver una pelÃcula titulada Warhammer. Sobre la marcha de la charla
emprendemos el camino hacia casa de Fidel por tercera vez en estos dÃas. Cuando
llegamos grito victoria dentro de mi cabeza, porque Augusto está allÃ. Es parte
importante de los planes que vengo maquinando en mi mente. Nos sentamos todas en
los sofás, cada una con su respectiva pareja y yo, sola.
La pelÃcula empieza pero no parece suscitar el suficiente interés como para que
le prestemos atención. No han pasado ni 20 minutos que soy la única que ve la
pelÃcula, pues el resto está enajenado en bajas pasiones carnales. De momento
nadie mete mano a nadie y la cosa parece necesitar un empeñón. Me levanto con
comprensivo sÃgilo y me dirijo a la habitación de mi amor, la biblioteca. Al
entrar a la casa hemos visto al padre de Fidel escuchando música con unos cascos
musicales en dicha sala. Aquà es donde empiezan mis planes y tengo que seguirlos
al pie de la letra.
Antes de entrar en la sala donde está Augusto emprendo el paso 1 de mi plan; me
desnudo. Desnuda como dios me trajo al mundo entro en la biblioteca, y el con
los cascos sordo Augusto abre la boca 4 dedos. No es necesario que la cierre
porque agresiva le meto la lengua dentro. Me enrollo con él un rato en que me
luzco en mi habilidad amatoria, le meto mano por los sitios más perversos y
acabo con un Augusto más empalmado que una secuoya milenaria. Le hago entrar en
mi juego y lo acabo teniendo desnudo como yo. Se la chupo un rato para que no me
pueda decir que no a lo que le voy a pedir, y cuando creo que está su corazón en
mis manos, le digo con la polla en mi mano y ante mi boca.
-Rosanna: vamos al salón, ante tu hijo.
-Augusto: ¿pero qué dices? ¿estás loca?
-Rosanna: no, ellos ya lo saben todo. Nos lo pasaremos mejor, ya verás..
-Augusto: pero, pero, ¿qué necesidad hay?
-Rosanna: por favor, te lo pido por favor.
Y en acto de decir por favor me meto la polla entera en la boca. Me mantengo
unos segundos aguantando la respiración con la carne en barra tragada y me la
saco.
-Rosanna: .. por favor .... hazlo por mi ..
-Augusto: vale, vale, no hay ningún problema. Pero, ¿vamos asÃ, desnudos?
-Rosanna: sà sÃ, verás como será lo mejor.
Una pareja humana entra un minuto después en el salón de la tele. Las tres
parejas siguen enrollándose de forma más bien casta. Fabiola es la única que
tenÃa en la mano algo que en el colegio nos dicen que no se toca. La sorpresa es
salvaje.
-Fidel: ¡papá!
Fidel es el único que se atreve a gritar de terror. Mis amigas ya saben de esto
y mis otros dos amigos no se atreven a gritar al padre de un amigo en casa de su
amigo. Yo emprendo entonces el 2º paso importante de mi plan, y antes de que
nadie haga nada me arrodillo ante Augusto y me como su polla. Oigo mientras se
la como, nada, todos nos deben mirar boquiabiertos porque lo que es las miradas
de asombro sà que las noto. En mis labios, en mis nalgas, en mis pechos. Creo
estar consiguiendo lo que querÃa. Saco la polla de mi boca y miro al público,
todos están empanados mirándonos.
-Rosanna: ¿qué miráis? adelante..
Vuelvo a comer la polla de Augusto y sé que ya no van a mirar tan raro sino que
entrarán en el juego. Después de comer una rato más vuelvo a sacármela de la
boca y miro, esta vez veo que la tropa se ha animado y vuelven a estarse
enrollando con renacido brÃo. Todas las pollas y tetas están fuera. Fabiola le
está chupando a Aniceto y Perpetua se deja comer por Tiberio. Paciana es
innovadora y practica un 69 con el hijo de la verga que tengo ante mi.
Tranquilizada me levanto y hago la posición que he soñado estos dÃas. Levanto la
pierna derecha y se la pongo a Augusto en el hombro, acerco mi entrepierna a la
suya y haciendo equilibrios, requiere heróica atención, pero consigo, encajarla
en mi panocha.
-Rosanna: tómame fuerte, no me vaya a caer.
-Augusto: tranquila, estás en buenas manos.
Augusto posa ambas manos en mis nalgas y tira de mi al tiempo que avanza su
cadera.
-Rosanna: ¡aauhmmm!
-Augusto: ¿ningún problema?
-Rosanna: uhmm, que va... lo haces muy bien... sigue.. sigue.. amor.
-Rosanna: aauhmmm, aauhmmm, aauhmmm, ooooh, sÃÃ, aauhmmm.
Teniendo que aguantar esta insólita posición no puedo prestar mucha atención a
lo que ocurre a mi alrededor, pero no hace falta verlo, acabo oyendo las
conocidas voces de mis amigas gimiendo de que algo tienen entre pierna y pierna.
-ah- -oh- -ah- -oh- -ah- -oh- -ah- -oh- -ah- -oh- -ah- -oh- -ah- -oh- -ah- -oh-
-ah- -oh-
El salón del televisor de casa Fidel se convierte en una tremenda bacanal.
Durante ella no me atrevo a tomar contacto con ninguno de mis compañeros de
fiesta, porque creo que eso pasarÃa de talla y acabarÃa como el rosario de la
aurora. Pero cogiendo en esta original posición y a la vez rodeada por un océano
de hormonas masculinas y femeninas, me siento la reina, reina de casa de Fidel.