Estoy perdido en la senda del olvido
viviendo una vida que no es mÃa,
siguiendo las huellas de alguien
que de no ser por mà aún vivirÃa.
Yo no deseaba que ella muriera,
pues la amaba como nunca amé a nadie
y no me di cuenta que mi amor la destruÃa,
como una hiedra al árbol que la ame.
Ahora, en esta vereda interminable,
ella se aparece a cada paso
pidiendo de mil maneras que la salve,
y que la libere de mi mortal abrazo.
Yo, que soñé los sueños de los dioses
y de la eterna juventud libé las mieles,
hoy, por la impiedad de mis haberes,
caminaré condenado por mil eternidades.