En el borde
del inmenso abismo del tiempo,
los dioses inventaron el pecado
y arrojaron su nuevo juguete al vacÃo.
AsÃ, la nueva maravilla
se extendió como ondas de luz,
en la eternidad del tiempo
y lo infinito del espacio.
Al fin, el pecado llegó a la Tierra,
con su carga de maravillosos regalos
y llenó de color la vida gris del hombre,
que terminó por adorarlo.
AsÃ, nacimos del pecado,
yo criminal… tú, vÃctima inocente,
y a pesar de ello, nos amamos…
Es doloroso, cierto…
pero, si en el cielo los dioses rÃen,
¿Por qué hemos de sufrir nosotros?